De las cantigas de Alfonso X a las leyendas de Valle


Como ya se pudo comprobar en otras muchas leyendas recogidas en Caminos con historia, ninguna de estas fábulas sobrevive a los siglos si no encuentra un bardo que las cante. San Ero, por vez de uno, tuvo dos, y ambos con un puesto de honor en la historia de la literatura. El primero fue el rey Alfonso X el Sabio; el segundo, el gran Ramón María del Valle-Inclán. Como se sabe, el escritor vilanovés fluctuó siempre entre el Modernismo y el Esperpento, que no dejan de ser distintas caras de la misma moneda. Generalmente a través del teatro y la narrativa, pero también cultivó la poesía, en la que figura la trilogía Claves líricas. De ella forma parte una colección de catorce poemas que llevan por título Aromas de leyenda. Versos en loor a un santo ermitaño. En dicho poema, Valle reproduce la leyenda de san Ero siguiendo la tradición de las églogas de Virgilio, un poemario en el que mezcla recuerdos de la infancia con la reminiscencia del paisaje de la tierra natal, las supersticiones, la milagrería y la etnografía galaica.

Fue la obra de su padre y la admiración que sintió por la piedra y el arte de Armenteira lo que llevó a Carlos Valle-Inclán a crear en 1961 la Asociación de Amigos del Monasterio de Armenteira, que permitió recuperar el edificio, abandonado en 1857 tras la desamortización de Mendizábal, y facilitar que una nueva congregación religiosa, esta vez unas monjas procedentes de Navarra, se instalaran y sigan todavía en el convento.

En los últimos años, también la Xunta de Galicia y la Diputación de Pontevedra realizaron obras en el edificio. Pero ni antes, ni ahora, se desveló el mayor de los misterios; el lugar donde se oculta la tumba de san Ero.

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