A «Perla» la atropellaron, la apalearon y la abandonaron, pero ha encontrado una casa y una familia en Alemania
12 ago 2014 . Actualizado a las 14:44 h.Hoy viajan dos de nuestras peludas camino de una nueva vida en Alemania. Allí tienen dos nuevas familias esperándolas para darle el cariño y los cuidados que necesitan, y para demostrarles que «una familia es para siempre», decía ayer, a través de su Facebook, el refugio de Cambados. Arena y Perla son las dos protagonistas que han logrado escribir un final feliz para unas historias que no habían empezado nada pero que nada bien.
Olga Costa, responsable del refugio de Cambados, se reconocía ayer «emocionada» tras despedir a Perla y Arena en el aeropuerto. «Triste no puedo estar. Sé que van a tener una vida estupenda, con unas familias que las están esperando con los brazos abiertos», sentencia. Y ese va a ser un gran cambio para los dos animales. Especialmente para Perla.
El drama de Perla
Pese a ser muy joven, Perla ya ha aprendido, a golpes, el significado que los humanos le hemos dado a ese dicho de «llevar una vida de perros». El 19 de abril fue atropellada en la zona de As Laxes (A Illa de Arousa). Un vehículo gris que circulaba a gran velocidad le dio un violento golpe. No iba a ser lo peor que le pasase a Perla aquel aciago día. Enfadado por el daño sufrido en su vehículo, el conductor del coche se bajó del mismo, y entre gritos e improperios, la emprendió a patadas con el animal. Al cabo de unos minutos, redondeó su pérfida hazaña empuñando contra la perra indefensa una barra de hierro. Por suerte, algunas personas que se encontraban en la zona pusieron el grito en el cielo y obligaron al agresor a dejar a su víctima en paz.
En paz, pero malherida. Perla fue trasladada a una clínica veterinaria desde la que se pusieron en contacto con sus dueños. Pero estos, lejos de acudir rápido para ver cómo se encontraba su mascota, se desentendieron de ella. Así acabó el animal en el refugio cambadés, donde hicieron todo tipo de esfuerzos para pagar las operaciones que necesitaba. Su triste historia llegó hasta Alemania, donde encontró una familia adoptiva que ayer tenía todo preparado para recibirla: hoy mismo, este cruce de perro de aguas visitará al que será su veterinario, y ya tiene programadas las sesiones de recuperación que tiene que realizar para mejorar su movilidad. No es la única que ha tenido suerte. La familia adoptiva de Arena, que padece un grave problema de piel, también lo tiene todo previsto para darle el tratamiento médico que necesita.
Vida entre las dunas
Además de los turistas que llenan la playa cuando el sol lo permite, en la arena de A Lanzada busca cobijo, de abril a agosto, la píllara das dunas o chorlitejo, una especie cuya supervivencia está amenazada. Pero si todos sus ejemplares tienen el mismo espíritu de supervivencia demostrado por los protagonistas de la historia que les vamos a contar, el futuro del chorlitejo está garantizado.
Comienza este cuento con final feliz en julio, en A Lanzada. Allí, un grupo de perros que corrían en libertad entre las dunas espantaron, sin saberlo, a una pareja de píllaras que había anidado en la zona. Los dos animales se fueron dejando tres huevos a punto de eclosionar. Afortunadamente, los voluntarios que siguen atentamente la evolución de esta especie estuvieron al quite y comprobaron cómo, a las pocas horas, se rompía un cascarón y salía un primer polluelo. Luego, la vida se abrió rompiendo las otras dos envolturas.
Al ver que los padres no regresaban para hacerse cargo de sus polluelos, estos fueron rescatados y trasladados al centro de recuperación de aves de Cotorredondo. Al principio, nadie quería hacerse demasiadas ilusiones sobre su capacidad para salir adelante: eran demasiado pequeños y estaban demasiado indefensos ante el mundo. Cinco días después de su ingreso, uno de los tres hermanos falleció. Sin embargo, los otros dos siguieron -y siguen- adelante. Todo, gracias a los cuidados recibidos del personal de este centro, que los alimentó «a base de gotitas de suero cada hora» durante los primeros días. Su esfuerzo ha valido la pena.
Dos crías de chorlitejo fueron salvadas de una muerte segura en A Lanzada