Las situaciones extremas ponen a prueba la medida de las personas. Nos dividen entre aquellos que se derrumban sin remisión, arrastrados por la gravedad del momento, y los que alumbran lo mejor de sí mismos, una fortaleza que muchos seguramente ni siquiera creían poseer. Ayer, cinco de los nuestros, cinco ciudadanos normales, demostraron que figuran en ese segundo grupo. El de los valientes. Su reacción cuando se incendió el autobús le salvó la vida a medio centenar de niños. Mi pequeña, Daniela, viajaba en esa excursión, por lo que mi deuda con ellos será eterna.
Quizás no sean aún conscientes de lo que hicieron, pero así es. Un autobús en llamas atestado de críos desencajados por el escenario puede nublar la respuesta de cualquiera. Desencadenar errores. No fue el caso. Los cuatro profes, Miriam, Noelia, Carlos y Rosa, y el chófer hicieron acopio de sangre fría para evacuar a los niños sin que nadie se hiciese daño. Sin que ninguno quedase atrás. Allí estaban también los vecinos de Rubiáns. Gentes de bien. De las que siempre están a la altura de las circunstancias. Ese pilar anónimo de nuestra sociedad que revela que estamos mejor rodeados de lo que creemos. Hoy, un centenar de padres podemos sonreír gracias a vuestra valentía. A vuestra responsabilidad y arrojo. Por eso, solo quiero trasladaros un mensaje: Gracias. Simplemente gracias.