Mucho más que «la voluntad»

AROUSA

01 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El voluntario nace y también se hace. Nace, concretamente, de una manera de entender la vida en la que se ha optado por variar los principios que parecen (y consiguen) regir las sociedades modernas. Y se hace, a base de dar continuidad a esos sólidos pilares sobre los que se asienta el convencimiento de que a cuanta más gente le vaya bien, mejor vivirá el planeta?

Ser voluntario es mucho más que ser voluntarioso o creer, en profundas reflexiones metafísicas, que todo podría estar mejor redistribuido. El gran éxito del voluntario reside en disfrutar desde el anonimato de los pequeños grandes logros del día a día que le hacen la vida mejor a otros. Muchos miles de personas han decidido sufragar con su tiempo, su dinero y su saber la resolución de problemas sociales que deberían de estar solventados por otros actores o que simplemente deberían de haber sido superados hace siglos.

Huyendo de la guerra de siglas, el voluntario no se debe a unos colores o a unos idearios concretos y tiene derecho a flirtear con todos ellos. Participa de una o infinitas acciones, con más o menos asiduidad, albergando la esperanza de que el agua potable llegue hasta remotas aldeas de otros continentes o de que simplemente el agua, también potable, llegue hasta las mesas de los comedores sociales de cada barrio. El mismo líquido elemento, la misma pasión en los objetivos y la misma satisfacción de haber agitado un poco este «siglo de las injusticias».

No hace falta ser de una pasta especial para colaborar. Y tampoco hacen falta proyectos megalómanos para que la cooperación y el voluntariado puedan lograr éxitos sin paliativos. Si cada persona destina a terceros una ínfima porción de sus bienes o servicios (siendo el tiempo muchas veces el más valioso de ambos), nos encontraremos en situación de superávit solidario, un escenario que actualmente está a la misma distancia que aquella remota aldea de otro continente?