El desmarque del Bloque

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

No es probable que el BNG de Vilagarcía se arrime a PSOE ni EU antes de las elecciones; cuestión de supervivencia

27 abr 2014 . Actualizado a las 06:58 h.

la cosa política

Es probable que el resto mejor conservado de las antiguas marismas de Vilagarcía sea el estado actual de su política municipal. Una especie de pantano en el que resulta complicado distinguir dónde está la orilla. Una, la conservadora, pierde firmeza en cuanto uno pretende hacer pie en ella. Los enfrentamientos constantes con todo tipo de colectivos, no importa si vecinales, culturales o empresariales, es la norma en una especie de guerra contra el mundo en la que se está con el gobierno o contra él, sin margen para los matices. La indefinición sobre dónde comienza el Partido Popular y dónde acaba Ivil contribuye a la ofuscación general y a la sospecha de que, contra lo que cabría esperar, la integración prometeica del centro derecha está, en realidad, muy verde.

No pinta mucho mejor el panorama en el borde opuesto de la salina. Tampoco en él resulta fácil encontrar solidez suficiente para echar unos cimientos sobre los que construir. Dos de las tres opciones que se reparten el espectro ideológico de la izquierda parece, eso sí, encaminadas hacia algún tipo de entendimiento básico, siquiera de carácter estratégico. Esta semana, la portavoz socialista, Tania García, y el número 2 de Esquerda Unida, Ramón Bueno, pusieron en escena una entente de mínimos, anunciando de forma conjunta la muerte de la junta de portavoces plenaria, foro que el regidor popular, Tomás Fole, potenció en su día como símbolo de un nuevo diálogo que, finalmente, no ha conducido a otra cosa que a la sordera de siempre. El problema, para el provecho de una plataforma de estas características, reside en que su tercer pilar, el BNG, no está dispuesto a sumarse a ningún proyecto en el que sus responsables detecten un riesgo de verse diluidos.

La trayectoria que el Bloque ha seguido en Vilagarcía durante los últimos diez años explica cómo se llega a esta encrucijada, aunque no cómo se sale de ella. La asunción de Xosé Castro Ratón de la cabeza de la candidatura nacionalista abrió dos puertas hasta cierto punto contradictorias, en el 2003. El trabajo de mucho tiempo vinculaba al BNG con movimientos vecinales, sindicales, de base y alto valor reivindicativo, que sumados al desgaste del PSOE de Javier Gago hicieron de él una alternativa de castigo frente al poder establecido. Ratón recogió una cosecha inédita, de cuatro concejales, y quiso construir con ella un espacio intermedio, capaz de bucear en el electorado tan medianamente progresista como razonablemente conservador al que Gago dejó huérfano cuatro años después, sin renunciar a sus credenciales zurdas.

A un paso, sin embargo, crecía otra fuerza que tal vez no entrase en los cálculos iniciales, pero le supo arrebatar su potencia a la contra. Con Juan Fajardo, Esquerda Unida sobrepasó al Bloque por la izquierda. A ninguno le sentó bien el mandato del bipartito progresista. Pero, pese a mantener sus tres concejales del 2007, la frustración del gobierno fallido acabó situando al BNG en una posición mucho más delicada. Frente a una opción, el PSOE, cuya asociación acabó como acabó. Y frente a otra, EU transmutada en AGE, que no solo puede competir con él por la zurda, sino también en el ámbito nacionalista en el que hasta hace un suspiro se movía en exclusiva.

El BNG de Vilagarcía, en definitiva, necesita encontrar su hueco y su identidad. No es probable, por tanto, que se arrime ni a PSOE ni a EU. Cuestión de supervivencia, por mucho que a Fole le venga de perilla.