Encadenadas a la arena

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Seis mariscadoras arousanas siguen trabajando pese a haber cumplido 65 años para completar las cotizaciones y poder cobrar una pensión

19 mar 2014 . Actualizado a las 06:56 h.

El marisqueo a pie es una actividad cuya regulación es relativamente reciente. Hasta el año 1999, las mujeres que bajaban a las playas arousanas para extraer de ellas almejas y berberechos no tenían la obligación de cotizar a la Seguridad Social. Como trabajar en la playa no reportaba grandes beneficios, y como aún había muchas mariscadoras que veían la seca como un complemento más a la economía doméstica, muchas de las sequeiras optaron por no pagar las cuotas del seguro hasta que no les quedó más remedio que hacerlo. Por eso, a estas alturas sigue habiendo mujeres que, llegada la hora de la jubilación, no alcanzan los quince años y dos meses exigidos para poder cobrar la pensión que les corresponde. En estos momentos, en la zona de Arousa son seis las profesionales que se ven obligadas a permanecer en la orilla del mar más allá del horizonte de los 65 años.

Prorrogar la actividad hasta haber cotizado el mínimo exigido es una de las opciones que se les plantea a estas mujeres. La otra, acogerse a un convenio en virtud del cual siguen pagando el seguro mes a mes hasta completar el tiempo preciso, cantidades que les son devueltas por la Consellería do Mar a posteriori -dicen las cofradías que estos reingresos suelen llegar demasiado tarde-. Cuando completan los meses de cotización pendientes, pueden cobrar por fin la jubilación.

Cada vez menos

A estas alturas, son ya pocas las mujeres del mar que tienen que abrazar una u otra opción. «Anos atrás eran moitas máis», señalaba ayer la patrona mayor de Vilanova, Evangelina Lago. De hecho, la mayor parte de las mariscadoras están aprovechando la posibilidad que se les brinda y se están jubilando a los 63 años.

«Antes as mulleres choraban cando lle chegaba o tempo de deixar a ribeira, e agora non lles dá chegado a hora de marchar, e en canto poden marchan». Esta desafección se debe, dice Lago, la única patrona mayor y mariscadora de la ría, a «como están as cousas. Non hai marisco, non hai organización, e a xente non gana case nin para pagar o seguro».