Si los conciertos están en crisis, la industria musical propiamente dicha languidece desde hace tiempo. En estas circunstancias es imposible pensar que nadie vaya a apostar por un grupo de chavales que están empezando. Hay que adaptarse a los tiempos y las redes ofrecen posibilidades que no conviene dejar escapar. El micromecenazgo es una opción que se suele explorar para sacar adelante la grabación de las maquetas.
Borderline 79, por ejemplo, está en plena lucha para sacar adelante As raíces da revolta. Tiene su proyecto en Verkami, una web de crowfounding que permite encontrar mecenas que los apoyen económicamente. A partir de un euro, cualquiera puede ayudarles a recaudar los mil euros que necesitan para sacarlo adelante. Dependiendo de la cantidad aportada, los mecenas aparecerán en los créditos del CD, se llevarán alguno gratis o incluso podrán disfrutar de un concierto privado. De momento, ya han encontrado una treintena de colaboradores. Les quedan 29 días para conseguirlo.
Cuatro mil euros
Usando este sistema, Gonzalo Arca consiguió reunir los 4.000 euros que necesitaba para grabar su EP en solitario. Fueron 119 los mecenas que apoyaron su causa, alguno de ellos con aportaciones de 400 euros, en una campaña que contó con el apoyo incluso del Gran Wyoming.
Gratis no toco
El dinero es el gran caballo de batalla. Y a veces los músicos se encuentran con situaciones desagradables. Gente que pretenden que actúen en sus locales a cambio de nada, «qué más queréis, ya os dejo el escenario», algo que sucede de una manera más recurrente de lo que parece. No hay mucha más cura para eso que la dignidad.
Las contrataciones institucionales tampoco son la panacea porque solo los llaman «para cubrir ocos no San Roque», explican unos chicos que no entienden ciertos dispendios en determinadas conciertos en lugar de apoyar a los músicos de la ciudad cuando en Vilagarcía «siempre ha habido grupos de muy buen nivel».
Y, por cierto, las quejas no llegan solo por el gobierno municipal actual. «Es verdad que ahora no se organiza nada. Antes se hacía algo, pero mal», concluyen.