Las lonjas han caído casi un 50 % debido a la cadena de temporales
30 ene 2014 . Actualizado a las 06:53 h.El Chapeliño fue uno de los barcos que ayer salieron del puerto de O Grove, dispuestos a pescar algo. Pero la mañana no fue bien. «Gañabamos máis quedando en terra», se lamentaba Antonio Otero. Pero permanecer amarrados un día más de lo estrictamente necesario es, este invierno, un pecado. «Tes que salir de terra, porque en terra non fas nada. Este inverno xa botamos bastantes días amarrados, e os poucos que se traballa, non se fai como un quere». Es decir, «nin se pode largar o aparello que queres, nin nos sitios que queres».
La consecuencia está clara. Se faena pocos días y, aún cuando se sale a trabajar, a las lonjas llega menos pescado del habitual. Así lo constatan en O Grove, donde -salvando la última semana, cuando hubo abundancia de capturas y «moita variedade de especies»- la sala de subastas aparece día tras día inusualmente vacía. El martes, «a las seis de la tarde ya no quedaba nada» por vender, explican desde la rula grovense. A esas horas, normalmente, la subasta está en pleno apogeo.
Los datos oficiales recogidos en la web Pescadegalicia refrendan esta tesis. El invierno pasado, a estas alturas, se habían subastado en las lonjas arousanas alrededor de 210.000 kilos de todo tipo de pescados y crustáceos.
La comparación
Este año, en este mismo período de tiempo, las capturas rondan los 110.000 kilogramos. Por si eso fuera poco, el producto que llega no lo hace en las mejores condiciones: la excesiva revoltura que reina en el mar también hace que a la lonja llegue un pescado «más tocado» de lo habitual.
No es de extrañar, pues, que en los puertos los ánimos no estén demasiado altos. Ni siquiera en aquellos en los que el grueso de la flota no vive del pescado, si no del marisco. Muy mal tiene que amanecer el día para que la flota del raño no pueda salir a faenar, o para que las mariscadoras no puedan asomarse a las playas en las que trabajan. Sin embargo, también a las lonjas especializadas en marisco blanco está llegando menos producto del habitual. En algunos casos, porque las propias mariscadoras han decidido interrumpir sus jornadas de trabajo ante los bajos precios alcanzados por la almeja.