Lo ordinario

Manuel Blanco

AROUSA

Lo ordinario convertido en extraordinario. La peculiar forma que tiene este país de interpretar la política concede a acuerdos como el adoptado ayer por el pleno de A Illa una notoriedad que, en circunstancias normales, le sería ajena. Es un ejemplo para el resto de colegas, sí. Pero lo es porque nuestra clase política ha incorporado a su adn una economía del consenso que enturbia sus relaciones y alimenta un círculo vicioso que lastra hasta el paroxismo el funcionamiento de las instituciones a las que representan.

Pactar es casi un anatema por estos lares, donde se ven con exotismo esos gobiernos de concentración tan de moda en países como Alemania o el Reino Unido. Sin embargo, esa visión no esconde más que nuestra incapacidad para entender que la política partidista es una cosa, y las instituciones otra bien distinta. El clima bélico se ha apoderado del terreno de juego y ha convertido la capacidad de sellar acuerdos de enjundia, auténtica esencia de lo que representa la política, en la letra pequeña del asunto. Y así nos van las cosas, claro.