La lluvia respetó las campanadas que cada mediodía del 31 de diciembre celebra desde hace quince años la localidad arousana
31 dic 2013 . Actualizado a las 19:39 h.En un ritual que se repite desde hace quince años, Vilagarcía celebró ya la entrada en el nuevo año con las campanadas del mediodía. No faltó de nada. Hubo uvas, 350 kilos de ellas se repartieron convenientemente ubicadas en sus bolsitas, cava, 400 botellas, y por supuesto música. Hasta la lluvia respetó a las campanadas. Fue acabar la última y empezar un chaparrón. Los vilagarcianos también cumplieron y acudieron en masa a la celebración pese a la amenaza que parecía llegar desde el cielo. A pesar de que la localidad arousana presume de inglesa, no tuvieron las campanadas en la puntualidad británica una de sus virtudes. Quizás porque los cuartos se alargaron en demasía pero lo cierto es que pasaban ya un par de minutos de las doce del mediodía cuando se oyó el primer dong en la plaza de Ravella. Llegaba de la Duendeneta, una furgoneta convertida en discoteca móvil, que fue quien amplificó el sonido de unas campanadas ya grabadas porque el reloj del concello no está ya para muchos trotes. Tras la última, bombas de palanque, confetti made in China y algún beso que también se pudo ver entre el respetable. Vilagarcía ya vive en el 2014.
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A cubierto, en el salón José Peña, recibieron el nuevo año, por adelantado, los niños que acudieron a la fiesta organizada por la asociación de comerciantes Cambados Zona Centro. En vez de uvas, los pequeños acompañaron las campanadas de la suerte con Lacasitos, como ya es tradición en esta cita. También recibieron una bolsa con cotillón y pudieron disfrutar de hinchables y de la música. Iria y Mateo se hicieron con los títulos de Miss y Mister Fin de Año de la fiesta.