El futuro no es ayer

FIRMA INVITADA javier gago

AROUSA

El ex regidor vilagarciano analiza en clave de futuro lo ocurrido en el último siglo en la ciudad y lanza un mensaje de autoestima y optimismo

08 dic 2013 . Actualizado a las 06:58 h.

No soy persona que guste de mirar hacia atrás, ni para aprender de los errores, porque tomamos decisiones siendo hijos de nuestro tiempo, y deben juzgarse, a posteriori, valorando y conociendo el momento y las circunstancias en que han sido adoptadas. Como mi buen amigo Manu Villaronga pregunta: ?¿quiénes se equivocaron, aquellos que vitoreaban, a principios del siglo pasado, al Rey Alfonso XIII cuando visitó «su» Isla de Cortegada, los que aplaudían a su hijo don Juan en los 80, nombrándolo Alcalde Perpetuo de Vilagarcía mientras diseñaban la urbanización de la isla, o los que, a partir de los 90, apostaron por su declaración como parque natural?? ¿Quién se equivocó? Nadie, sin duda.

Por ello, me resulta difícil opinar objetivamente sobre el acuerdo centenario de la fusión y, por el contrario, muy fácil valorar el resultado desde un punto de vista actual y subjetivo, que califico como muy positivo para los tres municipios. Creo firmemente que, sin perder su identidad como pueblos marineros que fueron y son, Carril y Vilaxoán contribuyeron a crear el gran municipio de Vilagarcía, que hoy es una ciudad moderna, plural y mestiza, con una calidad de vida, por cantidad y calidad de sus servicios, que para sí quisieran las mejores de Galicia.

Claro que por el camino hemos sufrido heridas. La fachada marítima se ha deteriorado por la ubicación del Puerto y el brutal desarrollo de los 70, pero ¿acaso la actividad portuaria no genera riqueza y empleo? Y además, ¿no fuimos capaces de recuperar playas en Vilaxoán, Vilagarcía, Carril y Bamio y habilitar un magnífico paseo marítimo? Tampoco hay ya gabarras en el muelle de hierro, pero ¿no es más cierto que rellenos de escombros y porquería ofrecen hoy parques, zonas lúdicas y deportivas, dotaciones culturales y administrativas, servicios de los que carecíamos, y una mejor permeabilidad hacia la ría que la que existía en los años 60/80? Y sí, también perdimos parte de nuestro patrimonio histórico-artístico, pero no exageremos: no confundamos antiguo con valioso y digno de protección, despreciando lo nuevo por el mero hecho de serlo. No nos dejemos llevar por recuerdos y sentimentalismos, exigiendo para lo ajeno lo que no deseamos en lo propio.

No, yo creo en Vilagarcía, en sus gentes, en su presente y su futuro. En la ría, enorme fuente de riqueza, y en la comarca, que es, de facto, la gran Ciudad de Arousa, con capital en nuestro municipio, mal que pese. Y para terminar, un deseo: que los vilagarcianos no perdamos la autoestima que habíamos logrado, porque el futuro es nuestro.

«No perdamos la autoestima, el futuro

es nuestro»