El pelotón sacó a la gente de la playa en A Lanzada

Bea Costa
bea costa O GROVE / LA VOZ

AROUSA

BEA COSTA

El público tardó pero acabó tomando las calles de Beiramar y O Corgo

27 ago 2013 . Actualizado a las 06:59 h.

«¿Es como la del año pasado?, preguntaba un niño con acento castellano a sus padres, mientras buscaba acomodo tras las vallas de la plaza de O Corgo. Y es que este es el segundo año consecutivo que La Vuelta se adentra en tierras mecas y, como en el 2012, lo hizo con un trazado generoso y un clima que permitió disfrutar a los televidentes de las vistas que ofrece esta hermosa península.

A las tres y cuarto de la tarde, el personal ya empezaba a impacientarse y preguntaba recurrentemente ¿por dónde van? «Xa están preto da Lanzada», contestaban del otro lado de la acera. Para entonces el público ya había tomado posiciones en Beiramar y O Corgo, sin los agobios vividos el sábado en Vilanova. Había sitio de sobra para disfrutar del momento, escapada incluida. Tras la procesión de coches y motos de la Guardia Civil y de la organización, el grupo de corredores aventajados tomó la rotonda de O Corgo y todavía hubo que esperar unos minutos para ver pasar la serpiente multicolor.

El pelotón cogió rumbo a San Vicente y algunos, alcalde incluido, todavía tuvieron ocasión de volver a verla a su paso por Ardia, haciendo inversamente el camino que acababan de recorrer los ciclistas. Allí, a pie de rotonda de San Vicente, esperaba un nutrido grupo de gente que, bien por voluntad propia, bien porque no podían atravesar con el coche, se concentraron para ver la carrera. Hubo quien amenizó el momento con humoradas a golpe de mefáfono, pero los más forofos eran un grupo de trabajadores del Abeiras que abandonaron la cocina y la limpieza del hotel para animar a «su» equipo -en este establecimiento se aloja el Orica-, guitarras hinchables en mano.

Pero que no se pudiera circular no impidió que el público se apostara a lo largo de la carretera de O Bao. La mayoría era gente que se acercó desde A Lanzada, que sacrificó un momento de playa para asistir a un espectáculo que no se ve todos los días. Eran las cuatro menos cuarto y, para entonces, la normalidad volvía al centro de O Grove. Agentes y voluntarios -un ejército de un centenar de hombres y mujeres vestidos de verde pistacho y de Protección Civil- recogían cintas y vallas y se restablecía el tráfico. Un dispositivo similar seguía a la estela que dejaba la caravana ciclista. Por A Revolta, Vilalonga, Meaño...