O Castro, allí donde empezó todo

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Ya no es un barrio marinero, pero es el único casco histórico que conserva Vilagarcía

04 ago 2013 . Actualizado a las 06:54 h.

«O do Castro era o barrio orixinario de Vilagarcía», dice Manuel Villaronga en su libro A Vilagarcía das vellas postais. Y no solo era el original, sino que es también el único que se conserva, hasta tal punto que cuando alguien habla del casco histórico de Vilagarcía, habla de O Castro. Y de nada más, porque el resto se lo llevó por delante el progreso.

Aún así, el barrio actual no tiene mucho que ver con el original. Ni siquiera con el de hace cien años, cuando se consumó la unión de Vilagarcía, Vilaxoán y Carril, porque entonces ya los rellenos y las obras del puerto habían modificado la fisonomía de un lugar que el canónigo Jerónimo del Hoyo describía en 1607 como una ynsuela. Y es que eso era O Castro, una lengua de tierra que llevaba las puertas de las casas de los marineros justo hasta la orilla del mar y que saludaba a un inmenso arenal que se extendía desde Vilaxoán hasta Carril.

El nombre lo tomó del castro Alobre, en cuyas faldas se asentaron las primeras poblaciones de marineros, al abrigo de los señores del pazo de Vistalegre. Citando otra vez a Jerónimo del Hoyo en sus Memorias do Arcebispado de Santiago, fue el fundador de Vilagarcía, García de Caamaño quien, al ser testigo de aquel nuevo asentamiento, «fue animando a los pescadores a acudir a pescar para que edificasen casas, y para esto les daba piedra y madera y ayudaba con pan y vino; y desta manera tuvo principio la villa».

Urbanización

Pero lo dicho. Ni siquiera el más oriundo barrio de Vilagarcía se salvó de las mieles y las hieles del progreso. De hecho, ya no es una ynsuela, y las gamelas ya no pueden amarrar a la entrada de las viviendas, porque el mar queda muy lejos. La playa de A Hortiña, donde se bañaban las mantidas, se la llevó por delante la creación del puerto, y la necesidad de construir una plaza de abastos obligó a rellenar los terrenos que con el tiempo ocuparía A Pescadería. El río que campaba a sus anchas fue domesticado y canalizado. O Con tampoco es lo que era.

Pero todo a su tiempo. Porque cualquier proyecto que se pusiera en marcha en la Vilagarcía de entonces -como en la de ahora- se fue eternizando entre la burocracia y la escasez de presupuesto. Por ejemplo, la solicitud para la construcción de la plaza de abastos se hizo efectiva en el año 1906, pero no se pudo construir por falta de fondos y en el año 1912, en pleno proceso de fusión de los tres municipios, hubo que iniciar de nuevo los trámites. La creación del nuevo concello acabó por vaciar las ya exiguas arcas y fue necesario empezar de nuevo; las obras no empezaron hasta 1928.

Ni siquiera el símbolo que identifica la plaza de O Castro estaba allí al principio. La característica fuente fue la primera que dio de beber a los vecinos de Vilagarcía, pero inicialmente estaba en la plaza del Sol -la actual plaza de Galicia- y no se trasladó a O Castro hasta el año 1905.

Luego, como Vilagarcía dejó de ser marinera y «devino industrial», el barrio fue perdiendo pulo. En él estaba el colegio, el antiguo hospital y el matadero. Pero poco a poco la población se fue trasladando hacia la Marina y hacia las calles más modernas y alineadas que se fueron creando con la desecación de las marismas: Arcebispo Lago, Castelao y demás. Las antiguas casas se abandonaron y las pocas que no fueron derribadas están en estado ruinoso. La rehabilitación salvó a unas pocas de una muerte segura, pero hoy en día es la hostelería la que mantiene en pie los pocos edificios todavía bien conservados en un barrio que fue el principio de todo. Y de eso hace ya varios centenarios.

Los rellenos y la desecación de las marismas acabaron con la vieja «ynsuela»

La fuente que identifica la zona estaba hace un siglo en la plaza de Galicia