Ángel Carracedo: «Hacer preguntas no es cosa de frikis»

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

El científico apadrinó a los mejores estudiantes y deportistas de Catoira

22 jun 2013 . Actualizado a las 06:55 h.

Ángel Carracedo lleva una vida agitada. Pero, al menos una vez al mes, intenta hacer un hueco en su agenda para mantener un encuentro con niños y no tan niños. «Para mí esto no es trabajo, es casi una forma de descanso. La verdad es que me lo paso genial», dice el que es, probablemente, uno de los mejores y más reconocidos científicos que ha dado Galicia. Carracedo acudió ayer a pasar un buen rato a Catoira, donde apadrinó a ese puñado de jóvenes que han sido elegidos por sus compañeros de clase como los mejores estudiantes y los mejores deportistas del colegio Progreso.

La iniciativa parece haber gustado a Carracedo. Y es que el decálogo empleado por los estudiantes para elegir a «los mejores» recoge algunos de los mandamientos que rigen la vida de este catedrático. El, quizás por aquello de simplificar, parece haber reducido la lista a la mitad: ilusión, trabajo, curiosidad, creatividad y equipo. Partiendo de estas palabras clave, trenzó ayer un discurso en el que habló de genética, de investigación y, sobre todo, de cómo afrontar eso que es la vida.

«En esta clase de charlas, mi objetivo es trasladar ilusión a los jóvenes», dice el profesor. Transmitir ilusión significa, también, transmitir optimismo y confianza en que «trabajando duro, se pueden alcanzar las metas que nos fijemos». A base de esfuerzo, asegura, se pueden superar los obstáculos que se nos vayan cruzando en el camino y perseguir, hasta alcanzarlo, el objetivo que nos hayamos propuesto.

Curiosidad y creatividad

En una sociedad cansada, los mensajes de ilusión y tenacidad nunca sobran. Y más falta hace, aún, que un científico prestigioso nos dé un tirón de orejas generalizado por cómo vamos matando poco a poco la curiosidad y la creatividad con las que todos nacemos. «En una charla con niños de diez años, hay siempre un montón de ellos con la mano levantada, haciendo preguntas todo el rato. Si es con adolescentes es mucho más difícil», asegura Carracedo. Y es más complicado porque nuestro sistema educativo premia «la memorización y castiga la curiosidad, la creatividad... Y hay que darse cuenta de que hacer preguntas no es cosa de frikis». Todo lo contrario: son las preguntas las que hacen avanzar la ciencia, la cultura, el mundo.

Para encontrar la respuesta a las cuestiones más complicadas, no hay nada mejor que trabajar en equipo. De eso sabe, y mucho, Carracedo, que ayer volvió a declararse «muy orgulloso» de sus compañeros de trabajo, un grupo integrado por gente «que está muy unida» y que encuentra en el conjunto el mejor marco para desarrollar sus potenciales. En Catoira algo le pueden contar, también, del trabajo en comunidad. Hace tan solo unas semanas, dos grupos del Progreso se hicieron con un trofeo europeo en matemáticas precisamente por su capacidad para resolver los problemas codo con codo, aprovechando lo mejor de cada uno de los alumnos.

Espoleando el ánimo

Con los mensajes de Carracedo aún frescos en su memoria, quienes llenaban el auditorio de Catoira se encontraron, sobre el escenario, con los mejore deportistas y estudiantes de la localidad. Fueron nominados para tal distinción por sus propios compañeros de clase. Quien sabe. Quizás el próximo año suban al escenario muchos de los que este año se quedaron en el patio de butacas.

Ángel Carracedo es Licenciado en Medicina por la Universidad de Santiago y doctor en Medicina por la misma institución. En ambos casos, fue Premio Extraordinario. Es catedrático en Medicina Legal y dirige desde 1994 el Instituto de Medicina Legal de Santiago, desde donde ha desarrollado técnicas que se han incorporado a las rutinas de laboratorios de todo el mundo.

Pero ha sido en el campo de la Genómica donde Ángel Carracedo ha logrado sus mayores logros. Y es que ha colocado a la ciencia donde debe estar: en el camino de buscar soluciones a los problemas de la humanidad, sea explorando técnicas para afrontar enfermedades como el cáncer, sea buscando fármacos «a la carta» en función de los genes de cada enfermo.