Camuflado bajo una gorra e intentando pasar lo más desapercibido posible. Así vio Dani Pedrosa la derrota del Barcelona ante el Bayern. Y la vio en la cervecería Andaina, ante el pasmo de la clientela habitual, que no daba crédito a lo que estaba pasando y se preguntaba qué diablos hacía uno de los mejores pilotos del mundo en Vilagarcía
La timidez por bandera
Dani Pedrosa y sus acompañantes llegaron al Andaina apenas unos minutos antes de que comenzara el encuentro. Se sentaron todos ellos en un lugar perfecto, cerca de la televisión y con Dani estratégicamente situado, con una columna y la gorra, siempre la gorra, para hacer de parapetos de miradas indiscretas. A pesar de todas las precauciones, poco a poco se fue extendiendo el rumor local. «Coño, ¿ese no es Dani Pedrosa?», se preguntaban en las mesas. Si ya de por sí un extraño en el medio de la clientela habitual levanta dudas, una cara conocida las incrementa. ¿Será o no será? Nadie se atrevió a acercarse a la mesa para preguntarlo. Como mucho un comentario al camarero, que tampoco parecía tener clara la identidad de los extraños.
El único valiente
Pachi Padín, a la postre el único que pudo hacerse una foto con el piloto, entró en el Andaina justo detrás de Dani y su troupe. Allí lo esperaban ya sus amigos y pronto comenzaron también los comentarios sobre la identidad de los nuevos clientes del local. Un pitillo fue clave. El vistazo a través del cristal confirmó las sospechas. Sí era. A partir de ahí, Pachi comenzó a trazar su plan. Él quería una foto con Dani. Faltaba escoger el momento adecuado. Descartó ir con el partido en juego porque sabía que podía amargarle el fútbol al piloto. Tan pronto como se abriera la veda el chaval iba a estar más pendiente de mirar al pajarito que al televisor. Pero también sabía que al primer amago de salida había que ir a por él. Y así fue. Tras el tercer tanto del Bayern, Dani y sus compañeros decidieron que era suficiente. Pusieron el semáforo en verde y partieron. Y tras ellos, a la carrera, salió Pachi. «¡Dani, una foto, una foto!», le gritó. El piloto intentó esquivarlo pero no pudo. Pachi logró su objetivo y después le deseó suerte para Jerez. El fútbol ya daba igual.