Con lo de comer no se juega

AROUSA

Ariesgo de resultar cargante, insistiré otra vez en la figura de aquel capitán marítimo que bregó con la puesta en marcha de los depósitos de Ferrazo y la amenaza inconmensurable del Prestige. Con el transcurrir de los años parece haberse instalado en la conciencia de esta ría una cierta pachorra teñida de autocomplacencia. El peligro que nos hizo sudar frío se antoja tan lejano como esas batallitas que se relatan a los nietos; aquellos maravillosos años en los que íbamos a la playa a remover chapapote y nos echamos a la mar para apañar fuel con las manos. Como la peste negra se antoja cosa del pasado, resulta fácil tirar de calculadora y, aprovechando las urgencias del momento, buscar la forma de que todo nos salga un poco más barato. Incluida la seguridad relacionada con un parque de almacenamiento de graneles líquidos que, quién lo diría hoy, motivó las mayores manifestaciones que se recuerdan a esta orilla del mar de Arousa. Sepan los rigoristas amantes de la norma que ningún papel impedía en el 2000 que un buque monocasco se adentrase en estas aguas. El Prestige pudo estrellarse con todas las de la ley contra O Ramal, por ejemplo. Quien lo impidió, adelantándose a los legisladores, fue un hombre, Roberto Rietz, consciente de que con las cosas de comer no se juega. Vayan tomando nota.