La lluvia se acumula en aulas y pasillos mientras la fachada del centro se desprende a pedazos
12 abr 2013 . Actualizado a las 06:59 h.Todavía no ha cumplido cinco años, pero el colegio de A Lomba ya hace aguas por todas partes. Hace meses que desde el equipo docente del centro, y también desde la asociación de padres, se reclama una solución a Educación, pero por el momento sus reivindicaciones no han tenido respuesta. Mientras, la confluencia de las deficiencias del edificio con una época de lluvias que parece no tener fin ha derivado en unas instalaciones en las que a duras penas puede desarrollarse normalmente la actividad lectiva.
La gota que colmó el vaso cayó ayer en forma de cascotes mientras los chiquillos esperaban en el patio la hora de inicio de las clases. En ese momento, comenzaron a desprenderse de la fachada trozos de hormigón que milagrosamente no causaron ningún percance, pero que pudieron haber dañado a alguno de los niños que aguardaban el sonido del timbre para entrar en las aulas. De inmediato, los padres que se encontraban allí llamaron al Concello, desde donde se desplazó un equipo de operarios que valló la zona afectada. También la concejala de Educación, Rocío Llovo, se acercó hasta el colegio para comprobar los desperfectos.
No es la primera vez que ocurre algo similar. Justo encima de la puerta por la que salen al patio los pequeños de Educación Infantil se han desprendido varios cascotes de una viga. Sus trozos tienen un tamaño considerable y podrían haber ocasionado heridas importantes en caso de que la fatalidad los hiciese caer sobre alguno de los escolares. Afortunadamente, no ha sido así, pero los padres temen que pueda ocurrir en cualquier momento y por eso reclaman soluciones.
Pero los problemas no acaban ahí. Al otro lado de esa puerta que separa del patio una de las clases de Infantil, un gran charco de agua obliga, cada vez que llueve, a refugiar a todos los alumnos de esa aula, más de veinte, en un espacio de apenas ocho metros cuadrados. Lo mismo ocurre en el piso superior, en una clase de quinto curso. Y también en el pasillo, justo en la entrada de los baños, una zona muy transitada en la que alumnos y profesores se ven obligados a extremar los cuidados para evitar resbalones y caídas.
Un lago en el patio
En el patio, las cosas no están mucho mejor. La zona por la que entran los estudiantes que llegan en el autobús está llena de enormes charcos de agua, de manera que no resulta nada fácil que los chavales lleguen a la escuela con los pies secos.
Tampoco el pabellón se libra de los problemas de filtraciones. La parte central de la pista no se ha visto afectada, por ahora, por las humedades, pero en los laterales se concentran grandes acumulaciones de agua que limitan la utilización de las instalaciones por parte de los alumnos y que ponen en peligro el material deportivo que se guarda en este recinto.
Todo esto ha desatado la indignación de los padres, que exigen soluciones y que el martes celebrarán una asamblea.
Las inundaciones en la clase de tres años arrinconan a veinte niños en 8 metros cuadrados
Los padres celebrarán el martes una reunión para tratar el problema