Socios y vecinos sí, pero a veces muy distintos y hasta distantes

s. luaña / m. s. / s. g. VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

El edificio vecinal de Fontercamoa precisa reparaciones urgentes.
El edificio vecinal de Fontercamoa precisa reparaciones urgentes. m.I.< / span>

Las entidades afrontan un futuro incierto por la escasez de ayudas

07 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Detrás de cada presidente de una asociación vecinal hay un alcalde frustrado. Eso dicen las malas lenguas. Pero es cierto que los movimientos vecinales, desde la Transición, fueron una plataforma política que tanto sirvió para dorarle la píldora al gobierno de turno como para hacerle oposición. Las de Vilagarcía no son ajenas a esa circunstancia, pero también sería muy simple limitar su existencia a cuestiones partidistas, porque son mucho más; son la portavocía de sus vecinos, el hilo conductor para el movimiento cultural de las parroquias, el Pepito Grillo de las corporaciones municipales y el dinamizador de las zonas rurales. Todo eso y mucho más. Por una inercia de los años de bonanza, se habían acomodado a recibir una serie de subvenciones que, lo mismo que le pasó a las comparsas de Entroido, las habían adormecido -no a todas, también hay que advertirlo-. Los optimistas compulsivos dicen que de una crisis siempre se puede sacar algo bueno. El tiempo lo dirá. De momento, las asociaciones vecinales de Vilagarcía se balancean entre un pasado que ya no será, un presente convulso y un futuro lleno de interrogantes. Esta es su radiografía.

Carril

La independencias por encima de todo

Nunca aceptaron subvenciones porque, como dice su presidente, Miguel Rodríguez, «queremos mantener nuestra independencia y no queremos ser correa de transmisión de ningún partido político». Además no tienen centro social, porque para sus actividades utilizan las instalaciones de Gato Negro. «Eso no quiere decir que queramos dar ejemplo de nada, hay otras entidades que necesitan esas ayudas y nosotros las apoyamos». Su principal objetivo es reclamar mejoras para Carril, y en ese sentido, el presidente dice que «el alcalde es muy amable, pero lo que se le pide es eficacia. A nosotros nos prometió todo pero no hizo nada»

A Xunqueira

Un intento frustrado de federación

No fueron invitados a la reunión del viernes, y su presidente, Pepe Bascuas, lo lamenta. En parte porque su entidad también está siendo muy crítica con el reglamento en el que trabaja el gobierno local. «Tenemos una oficina de doce metros cuadrados cedida por el Ayuntamiento, no creo que nos cobren por eso...». Las inundaciones, la colocación de semáforos y otras demandas centran su actividad. Como no consiguen nada, Bascuas hace un tiempo se propuso convocar a las otras asociaciones para hacer un frente común en forma de federación. «Voy a solicitar un local para reunirnos todos. ¡Pero si es sin cargos, claro!».

Bamio

El camarote de los hermanos Marx

Hay días que hacen uso del centro social hasta un centenar de personas. Lógico. Lo utiliza la asociación de vecinos, los comuneros, las mulleres rurais, Mar de Arousa, Garandoiro y Os Arenkes. De su limpieza ya se encargan ellos, pero en Bamio también hay una casa de cultura que se cae de vieja. La directiva de la asociación vecinal lo tiene claro: Si en el Concello necesitan ahorrar, que se bajen el sueldo los políticos.

Fontecarmoa

Un centro social ruinoso

Hace más de un año que los vecinos denunciaron el ruinoso estado del centro social y todo sigue igual. Humedades por todas partes, ventanas que se caen, goteras y calderos por el suelo para recogerlas. Ahora todo está incluso peor, tras este duro invierno. Lo utiliza la asociación de vecinos y las mulleres rurais. El edificio lo construyó el Concello, pero los vecinos también aportaron dinero. Recibieron algunas visitas de las autoridades municipales, pero nada más.

Vilaxoán

Un hervidero de gente

La asociación vecinal es de las más antiguas de Galicia y el centro social, un hervidero de gente, siempre con actividades, panderetas, música y baile. La cafetería la lleva la asociación de vecinos, y no tienen subvenciones desde hace años, aunque hace poco hicieron una excepción y pidieron una ayuda para el homenaje al fallecido Gonzalo Bouza Brey, su fundador. De la limpieza se encargan los responsables del bar, que siempre tiene gente.

Trabanca-Badiña

Capeando el temporal

Así resume la situación su presidente, Faustino Laya. Con fama de haber sido mimada en otros tiempos por los gobiernos socialistas, de momento, todavía sigue corriendo el Concello con la limpieza. Pero es difícil que el centro de Trabanca no se autofinancie. No hay cafetería por no hacer competencia a los bares, pero hay peticiones para alquilar los locales, y a lo mejor se lo piensan...

A Laxe

Una vieja amistad rota

A la espera de que las mulleres rurais se hagan cargo del centro social, Contra vento e marea sigue en manos de Jaime Ramos en régimen de gestora. Anterior concejal popular, en el congreso apostó por Puertas y perdió. No disimula, pues, que no comparte la política de Fole, aunque lo hace con respeto. No está de acuerdo con la ordenanza. Entiende que había que regular la cuestión, pero cree que se hizo de forma precipitada. Además, «poner trabas a la cultura no está bien», dice.

O Sixto

Muchas dificultades

El mantenimiento del centro cultural de O Sixto es muy alto. La asociación es un ejemplo de independencia y autogestión, pero los tiempos son difíciles, el edificio es muy grande y hay un bar abierto y personal contratado. No tienen ayudas municipales, así que para sostenerse echan mano de las rifas y de las carrilanas. Aún así, son un ejemplo de dinamización social. Su presidente, Óscar Fandiño, está pendiente de una reunión con el alcalde.

Rubiáns

Sin subvenciones

No hace falta recordar su postura crítica ante el gobierno local, personalizada en la figura de su presidente, Xurxo Abuín, anterior edil del BNG. Por un retraso en una justificación, perdieron la ayuda de 2.400 euros que invertían en la limpieza del local. Y hay gente que ya no puede pagar la cuota, aunque hace nada eran 340 socios. Pero su centro social siempre está lleno. «As veces hai que ter paciencia, pero o sangue nunca chegou ao río», dice Abuín.