Miles toneladas de material procedente del Miño que ahora no se lleva el viento

La Voz

AROUSA

06 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Quien hace un par de veranos frecuentase la playa de A Concha Compostela se acordará perfectamente de aquellas nubes de arena negra en suspensión que, a poco que soplase el viento, se abalanzaban sobre tirios y troyanos. La imagen de los chavales llegando a casa teñidos de marrón oscuro se convirtió, sin duda, en una de las estampas del estío en Vilagarcía. Y la verdad es que costaba dios y ayuda despegarles aquella capa oscura de la piel a los críos.

Aquel fenómeno tenía un claro origen: las 28.400 toneladas largas de sedimentos del río Miño que, en dos fases sucesivas a lo largo del 2009, depositó el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino en la playa de Vilagarcía para conseguir su regeneración. El material -garantizó entonces el departamento estatal ante las suspicacias que su negra tonalidad despertaba entre los vilagarcianos- era de primera categoría, resultante de los dragados efectuados un año antes en el canal de navegación del ferry que comunicaba Caminha y A Guarda. No por casualidad, la hierba que hoy engalana cuatro hectáreas de A Compostela crece, precisamente, sobre aquel sustrato que tanto dio que hablar.

Al margen de que triunfe o fracase la creación sobre la arena de un parque verde con regadío, algo se ha ganado al menos: gracias al manto herbáceo, las nubes negras son, de momento, historia. Y es un alivio.