Vilagarcía merece otro centenario

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Un planteamiento pobre, vacío y alejado de la gente explica, sumado a la creciente tensión social, el pinchazo del viernes

03 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La ocasión, desde luego, merecía un mejor empeño. Cuando la estructura administrativa del Estado demuestra ser un coladero de comunidades, ayuntamientos y diputaciones, una pequeña ciudad del fin del mundo ofrece un ejemplo de todo lo contrario. Un motivo de celebración, más allá de la oportuna reflexión sobre la forma en la que, hace cien años, se articuló la desaparición de Vilaxoán y Carril como entes municipales independientes, en qué ha derivado aquello, cómo les ha ido y en qué condiciones encaran el futuro cada una de las poblaciones que constituyen Vilagarcía.

En lugar de ello, la capital arousana se convirtió el viernes en el escenario de discursos tan bienintencionados como vacíos de contenido y foco de múltiples protestas ante lo que se percibe como un verdadero desmantelamiento del Estado del Bienestar a golpes de política mal llamada ultraliberal, y pura y dura preocupación por el trabajo y la vida digna.

Claro que el acto institucional era necesario, con la concurrencia de las primeras autoridades del país aun a riesgo de recibir lo suyo con la que está cayendo. Les va en el cargo. Pero fiarlo todo a una reunión vedada en el interior de un edificio convertido en búnker y rodeado de policía no solo resulta frío y pobre. También adolece de una sorprendente falta de sensibilidad.

Ante una efemérides de esta envergadura, la implicación de la gente es esencial. La fiesta, o lo es de todos y cada uno, o no es nada. Sobró corsé institucional y faltó un guiño a los chavales. Por qué no unidades didácticas en los colegios, concursos de redacción, mover a niños y grandes a pensar Vilagarcía. Unos simples hinchables aquí y allá, un buen concierto con los muchos grupos que aquí funcionan y una banda potente de postre, hosteleros y comerciantes colaborando para vestir las calles. Eso no es dinero, es imaginación, ganas y voluntad de consenso. Y no se equivoquen. Nadie protesta contra la gente. El tema se habló entre los manifestantes y nadie acudió al auditorio a silbar a la danza de las espadas, la coral o la banda de música. Tampoco se puede reprochar demasiado a quienes protestaban; no hubo incidentes. Por cierto, pudo ser una temeridad: no se cortó el tráfico frente a Ravella, algo que es de rigor y sí se hace en las uvas y el pregón. Elocuente, ¿no?