Pereira inauguró ayer un servicio que dará servicio a unos 7.000 vecinos
02 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Con puntualidad británica, Rafa arrancó a las cinco y media de la tarde el motor del autobús de talla recortada que hasta ahora cubría la ruta Vilagarcía-Renza. Minutos antes, en la parada central de A Peixería, había encendido el letrero luminoso que indicaba que ese vehículo iba a estrenar un recorrido nuevo, que iba a modificar su trayectoria histórica para hacer un alto en el complejo deportivo de Fontecarmoa. Nacía, así, una línea reformada por la empresa Pereira para adaptarse a los nuevos tiempos y, sobre todo, a las demandas de una población que lleva años suspirando por un autobús que conecte la ciudad con los pabellones, las piscinas, las canchas de tenis y las pistas de atletismo.
Son unas 1.800 personas las que a diario acuden al complejo deportivo. Sin embargo, ayer a las cinco y media de la tarde nadie -salvo la prensa- tomó el bus para acercarse hasta allí. La mayoría de la gente, señalaba el conductor, aún no conoce la oportunidad que Pereira ha puesto a su alcance. En cualquier caso, la empresa confía en que la nueva línea funcione.
Las paradas
Una vez en marcha, el autobús se mueve con fluidez en unas calles despejadas de tráfico. En las paradas de rigor -la una en Alejandro Cerecedo, la otra en Doutor Tourón a la altura del edificio de las llamadas Torres de Caixanova- nadie se sube. Aún vacío, el bus gira por la calle Fontecarmoa. Pero en vez de pasar de largo junto al barrio de Las Pistas, el pequeño bus de Pereira se introduce en la populosa cuadrícula de calles y edificios por la vía Ramón Martínez. Será en esta rúa o en su prolongación, la calle Julio Camba, donde se habilitará la parada que permitirá llegar en bus hasta el corazón de esta ciudad en miniatura en la que viven más de 5.000 personas. De momento, el lugar aún no ha sido elegido.
En apenas unos minutos, el autobús nos deposita frente al pabellón de deportes municipal, en medio del desordenado aparcamiento en el que las plazas -escasas a estas horas- parecen haber sido pintadas a contrapelo. Carmen, la responsable del bar del pabellón, está en la puerta y celebra la llegada del autobús. Que no haya traído gente en este primer viaje es normal, reflexiona: todo necesita su tiempo. «¡Cuantas veces escuché yo a la gente aquí, en el bar, hablando de la falta que hacía el autobús...!», exclama.
Poco después de las seis menos cuarto de la tarde, el autobús azul vuelve a aparecer frente al pabellón, ahora de camino al centro. Esta vez lleva un pasajero: un hombre que echó el pie a tierra en la plaza de España.
En unos minutos, el vehículo llega al desordenado párking de Fontecarmoa
En Las Pistas se habilitará una parada. Pero aún está por definir el lugar ideal