La explosión de la burbuja inmobiliaria fue la primera que llegó a la comarca, acompañada de una honda expansiva llamada crisis que todo lo toca en la actualidad. Pocas casas e instituciones son lo que eran después de la manida recesión económica, y el ocio y la cultura han sido dos de los grandes damnificados. Un buen ejemplo de ello es lo que está sucediendo en el ámbito musical. Durante todo el año la media de conciertos nunca tuvo menos de diez citas, hasta el final del verano, cuando fue mermando poco a poco. Cayeron locales históricos, como era el cambadés A Pera. La oferta se quedó reducida, en muchos casos, a los tres estandartes de O Salnés que mantienen una programación constante, como son el Con do Moucho en A Illa, Encontro en Barrantes y Twist and Shout en O Grove. En los últimos días parece que Samá Samá retomará la actividad para unirse a ellos, pero aun con todo, el panorama dista mucho de lo que era hace apenas unos meses. Y es que, como dicen los músicos del lugar, esto es consecuencia de que explotara en Arousa otra burbuja, la del bolo musical.
«Una oferta a lo loco»
Lali Laya, promotor de la sala de rock Perro Calabera, fue víctima de ello. El proyecto, que nació en la primavera del año pasado apostando por la música en directo y gratis dos veces por semana, no llegó al final del verano. «Hubo un momento en Vilagarcía en el que había una oferta a lo loco, sin importar mucho qué se ofrecía ni dónde», explica. Aunque asume parte de culpa en cuanto a la desaparición de su negocio, asegura que se vio afectado por la sobre programación de locales no especializados y un público generalista poco fiel a la cultura del bolo.
Guillermo Montero, uno de los socios del isleño Con do Moucho, coincide con él y destaca la gran bajada de afluencia que está habiendo en los conciertos. «Hay mucho miedo en el ambiente, aunque intentas cobrar entradas a precios muy módicos», indica. Hasta el punto en que durante el invierno no les sale rentable organizar conciertos y solo se compensan las pérdidas en la época de apogeo, coincidiendo con la llegada del buen tiempo. «No está suficientemente valorado todo lo que implica tener un grupo de música en directo en un local, especialmente entre la gente joven, a quienes les sirve igual un monólogo o un pinchadiscos», incide. Montero es de los que creen que en estos momentos no solo los hosteleros deberían empujar para promocionar los conciertos, sino también los propios grupos haciendo uso de las nuevas plataformas telemáticas: las redes sociales. Por otra banda están los propios músicos y algunos como Nacho Pérez optaron por una aventura en solitario, no solo para realizarse musicalmente sino porque es más fácil ser contratado así que junto a un cuarteto. Como dice la canción, los viejos rockeros nunca mueren.