El crecimiento de los años 20 y los 70 arrampló con la antigua fisonomía
27 ene 2013 . Actualizado a las 22:27 h.Las madres de los niños que hace cien años jugaban en la actual Alameda de Vilagarcía, tenían que estar pendientes de que los pequeños no se cayeran al mar. Las de hoy, lo que vigilan es que no los atropelle un coche.
Desde la creación administrativa de la actual Vilagarcía hasta hoy, los cambios paisajísticos y urbanísticos han sido radicales, y casi siempre para peor. Es una consecuencia del progreso y de la falta de planificación marcados por dos fechas fundamentales: los primeros años del siglo XX, que coinciden precisamente con la unificación de los concellos de Vilaxoán, Vilagarcía y Carril, y los años setenta y ochenta con el bum inmobiliario. Vilagarcía fue en esos dos momentos un referente en el desarrollo económico y un mal ejemplo en el urbanístico. A diferencia de otras villas de la ría, lo mejor de su patrimonio se lo llevó por delante la piqueta.
Hace cien años, el principal interés de la vieja Arealonga era turístico. Su extenso arenal, que iba de Vilaxoán a Carril, atraía a gentes de toda Galicia que acudían «aos baños», y la creación del balneario y de entidades recreativas y culturales atrajo a gentes adineradas que empezaron a construir hermosas mansiones a orillas del mar. Entre ellos, empresarios que ya estaban asentados en Carril y que volvieron sus ojos a Vilagarcía. Y allí donde residían o veraneaban decidieron ubicar también sus empresas relacionadas con el mar y el transporte marítimo. Fue, de esa manera, como Vilagarcía «devino comercial» y como el puerto se ubicó en un lugar erróneo. La falta de calado obligó después a rellenar sobre rellenos y la fachada marítima, su bahía y sus playas, desaparecieron.
Lo del bum inmobiliario de los setenta no hace falta recordarlo. Sus consecuencias están ahí, con enormes adefesios de azulejos plantados donde hace años había enormes edificios de corte modernista.
Por eso son tan sorprendentes las imágenes reproducidas en el libro de Manuel Villaronga A Vilagarcía das vellas postais, del que se recogen algunas en estas páginas para compararlas con la situación actual. Muchas calles y paisajes son del todo irreconocibles. Otros se identifican porque milagrosamente todavía se conserva algún edificio antiguo que permite orientarse. Pero sobre todo, lo que realmente llama la atención es la batalla perdida por el mar a costa del hormigón. Y así desapareció Arealonga.