Las lámparas se quedan con una bombilla

La Voz

AROUSA

Las oenegés confirman que el pago de la calefacción es un lujo que hoy muchas familias no pueden permitirse, aunque la tengan en casa porque en los años de bonanza, cuando llegaban un par de sueldos al hogar, sí se encendiesen los radiadores. Familias que acuden a Amigos de Galicia para conseguir comida, que a veces no tienen ni para pagar el alquiler y se tiene que hacer cargo la entidad de algunas mensualidades para evitar el desahucio, no pueden hacer frente a un gasto más, el de la calefacción, que sube la factura en proporción inversa a cómo bajan las temperaturas.

Los trucos para bajar el consumo dan una idea de hasta qué punto es necesario apretarse el cinturón hoy en día para llegar a fin de mes sin un sueldo. En Amigos de Galicia lo explican bien claro: «Empezan por apagar a calefacción, logo restrinxen o uso do ordenador ou se dan de baixa en Internet, apagan a tele ou deixan unha soa bombilla na lámpada».

Recorte tras recorte, no es de extrañar que se haya vuelto a la estufa de butano o a sistemas de calefacción todavía más rudimentarios, como el tradicional brasero de carbón. Y por lo tanto, no es extraño tampoco que cada vez haya más intoxicaciones por gas o incendios por el uso de radiadores, o desgracias como la de la pasada noche en Pontevedra, cuando una familia de origen senegalés con dos niños pequeños se intoxicó con la combustión de unas macetas que utilizaban como braseros.