Es el mecanismo para dar calor que más se vende desde que la crisis aprieta a las familias
24 ene 2013 . Actualizado a las 06:58 h.Parecía que con la tarifa nocturna y la extensión al común de los mortales de un sistema, el de la calefacción central, que antes era exclusivo de las familias adineradas, ya no se volvería a pasar frío en el invierno. Pero no es así. Para empezar, la tarifa nocturna acabó de ser un negocio para las compañías eléctricas y, de un día para otro, desapareció, y del resto se encargó la crisis económica. Sin dinero para pagar las facturas, adelgazar en la medida de lo posible la del gas o la luz es un objetivo prioritario para los ciudadanos, que ya no aspiran a calentar toda la casa, sino que se conforman con dejar de tener los pies fríos.
Y en esa coyuntura, la olvidada estufa de butano ha vuelto a triunfar. Parecía un electrodoméstico en peligro de extinción, pero tal y como aseguran los establecimientos comerciales de la comarca, el año pasado y este año volvieron a ser los más vendidos para espantar el frío.
Como indica el empleado de una cadena de electrodomésticos en Vilagarcía, «su precio no es muy alto y calientan mucho, por lo que a la larga suponen un ahorro». Por eso es la compra preferida para quien ya no puede encender la calefacción. «Se vendieron muchas el año pasado y se están vendiendo bien este año», asegura el dependiente.
Las compran familias que no disponen de otro sistema para calentar sus casas, pero también las que tienen calefacción central y no pueden utilizarla porque el presupuesto no les da para hacer frente a su elevado consumo. Y hay también muchos antiguos clientes de la tarifa nocturna que, con la desaparición de este sistema, han prescindido de los radiadores y los han sustituido por sistemas tradicionales como la estufa de butano o modernos acumuladores independientes que permiten calentar una habitación y no la casa entera.
Las entidades que trabajan en la comarca con personas sin recursos confirman que cada vez hay más hogares con la calefacción apagada por no tener dinero para pagarla. Y en este sentido se está dando también una contradicción propia de la profunda separación que hay entre la Galicia real y la oficial; muchas familias con escasos ingresos y personas mayores que consiguen una vivienda de protección oficial, dotada de todas las comodidades, luego no pueden disfrutar de esos servicios porque la factura de mantenimiento no va incluida en la subvención. Es decir, pisos nuevos con calefacción que nunca se va a encender.