La jornada fue más tranquila de lo augurado por una noche de temporal
23 ene 2013 . Actualizado a las 06:56 h.Viento, lluvia y frío. Esos elementos se conjugaron ayer para dejar sobre la comarca numerosas granizadas. Las piedras de agua helada esperaban en las calles a los arousanos más madrugadores, como gélidos recuerdos de una noche que parecía anunciar una jornada dura. Sin embargo, la luz del sol pareció aplacar los malos augurios. Y la jornada transcurrió en medio de una relativa calma, aunque durante el día cayeron granizadas, de improvisto, sobre distintas localidades de O Salnés. «Era de esperar que se produjese este fenómeno, porque las temperaturas son muy bajas», explicaban ayer desde Meteogalicia.
En realidad, el termómetro no se desplomó tanto como pudiera parecer: marcó una media de entre 7 y 9 grados durante la mayor parte de la jornada. Aún así, en la calle ningún abrigo parecía suficiente para aplacar la sensación de frío porque la sensación térmica era de dos grados debido al viento y a la lluvia, que pese a caer sin mayor énfasis, ayudó a convertir la jornada en un crudo día de invierno.
Contenedores en movimiento
Durante el día, los pequeños incidentes se sucedieron. En tierra, el viento movió contenedores e hizo caer algún que otro árbol, afortunadamente sin ocasionar males mayores. En Cortegada, los últimos temporales han tirado 25 pinos y eucaliptos, y algunos muros de la vieja aldea.
En la costa, en alerta roja por mar de fondo, la cosa no fue tan mal como se preveía. La flota permaneció, mayoritariamente, amarrada a puerto. Pero como ni siquiera así está segura -el sábado se vivieron escenas dantescas en O Xufre y Carril-, muchos mariscadores hicieron guardia en los muelles para comprobar que todo estaba en su sitio.
«Tenemos registros de olas de seis metros frente a las Rías Baixas», explicaban ayer desde Meteogalicia. Una altura bastante menor de lo esperado (se habían pronosticado olas de 7 a 9 metros) y que permitió vivir una jornada de relativa tranquilidad en los muelles más expuestos al viento del Norte. Y aún así, por momentos, los nervios estuvieron a flor de piel. «Cando caía algunha nevada [granizada] a cousa collía moi mala cara», explicaba ayer un mariscador isleño.