Todos los caminos desembocan en la Navidad

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

NACHO FEIJOO

05 dic 2012 . Actualizado a las 06:54 h.

Al revés de lo que ocurre con otras celebraciones, que se sabe cuándo empiezan pero no cuándo acaban, las Navidades son unas fiestas cuyo fin está claro -se machan justo detrás de los camellos de los Reyes Magos- pero que pocos saben, a día de hoy, cuándo comienzan. En muchas casas arrancaba la parranda navideña con el sorteo de la Lotería. Pero cuando los premios caían al tiempo que se colocaban los adornos del árbol, aún se cantaban en pesetas. Así que fíjense si ha llovido desde entonces. Ahora, tanto tiempo después -o tan poco- la Navidad se adelanta hasta casi rozar el mes de octubre, encarnada en las cajas de turrones y las bandejas de dulces que se exponen en los supermercados. O en la cadena interminable de anuncios de juguetes que ponen los dientes largos a los niños de la casa cada vez que se sientan ante el televisor.

Señales que no fallan

Con este calendario trastocado, cada ciudad se aferra a sus relojes propios. Esos que no fallan al dar la hora local o, en este caso, la fecha. En Vilagarcía, uno de esos elementos que dicen si la Navidad ha empezado ya, o si aún no ha llegado el gran momento, es el nacimiento que cada año adorna el escaparate de Galerías Eduardo. Cuando sus pastorcillos pueblan un país de musgo, cuando sus lavanderas golpean la ropa sucia junto a los ríos de papel de plata y el pan se cuece en hornos colocados a la sombra de unas palmeras, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la Navidad ha desembarcado en la capital arousana.

En el camino

Pero en las calles de Vilagarcía hay más señales de lo que se avecina. Miren, por ejemplo, las flores de Pascua que asoman en las jardineras de calles tan céntricas como Rey Daviña. No han nacido ahí por casualidad, ni por ningún milagro propio de la época: las ha colocado el Concello de Vilagarcía para hermosear el corazón de la ciudad.

Que siga el paseo

O más fácil todavía. Más visibles aún que las flores son los escaparates. Échenles un vistazo a cualquiera de ellos y comprobarán que allí la fiesta cuelga de árboles, se descuelga de cintas y brilla en adornos rojos, dorados y blancos. Pueden pensar ustedes que, con esto de la crisis, el nivel de vistosidad de los escaparates ha decaído. Pues de eso nada: puede que falte dinero, pero en Navidades sobra ilusión. Y si la ilusión se adereza con un poco de imaginación, la batalla está ganada.

Y que no falte Papá Noel

De la proximidad de la Navidad también dan cuenta los Papá Noel que ya pueblan las calles. Los que se encaraman a los balcones, aterrorizando a los más pequeños que temen ver a su ídolo de bruces sobre el duro suelo de la calle. Y los que hacen guardia a la puerta de algunos comercios, sonrientes y bien abrigados en trajes que no siempre son de ese color rojo con el que quiso uniformarlos una conocida marca de refrescos. Y es que la Navidad es para todos los colores. Y es para gente de todas las edades. Incluso es para todos esos señores Scrooge que reniegan de la fiesta más familiar de todas las fiestas. Seguro que a todos ellos se les ablanda el corazón cuando ven a un niño con la nariz pegada al cristal de Galerías Eduardo, viendo y viviendo la magia.