«Hai que reinventarse; se paras, malo»

Diseña, moldea, esmalta, vende, e incluso tiene en mente recuperar la enseñanza


vilagarcía / la voz

La herencia no ha sido, en este caso, la causante de la pasión que ha unido a Mar Barral con la cerámica. A no ser -explica ella misma- «que teña que ver cos panadeiros, con amasar o pan, porque eu veño de familia de panadeiros». Tampoco fue la suya una vocación temprana. Llegó mientras preparaba las oposiciones de Magisterio, cuando entró en contacto con la artesanía a través de un curso del plan FIP. «Enganchoume», reconoce. Desde entonces, ha dado los pasos necesarios para convertir el trabajo de la arcilla en su forma de vida. Y lo ha conseguido.

No por ello ha desperdiciado, sin embargo, su formación como maestra. La ha aprovechado enseñando a moldear a los más pequeños, a través de cursos con las asociaciones de padres, o a adultos en varios ámbitos, como en el servicio de atención a drogodependientes. Esta vertiente la tiene ahora un poco arrinconada, pero su intención es recuperarla organizando algún taller en la tienda que tiene abierta en la calle Castor Sánchez de Vilagarcía.

En el comercio en el que vende sus piezas pasa todas las tardes, pero su paraíso está en Abalo (Catoira). Allí, muy cerca de los molinos de viento, los años y el esfuerzo han ido dando forma a lo que hoy es un atractivo taller en el que Mar desarrolla todo el proceso de producción. Una luminosa sala de estar funciona también como zona de exposición. Más allá, una estancia multifuncional donde Mar moldea, esmalta e incluso cocina. En tercer plano, la sala de los hornos; uno eléctrico que ya casi no utiliza y otro, más grande y más moderno, de gas. Allí pasa Mar Barral todas sus mañanas, ideando y dando forma a esas ideas. «Os deseños son meus. Eu fago todo o proceso e por encima vendo, que é o que máis me custa, por certo», explica.

La imaginación es una parte importante, pues, de su trabajo, pero también observar los gustos del público: «Teste que adaptar aos gustos da xente. Tratas de recoller información que eles che van dando para despois facer as túas pezas». Aunque lo que más le gusta es «cando me deixan a min», confiesa.

Mar comparte con sus compañeros artesanos la convicción de que, a la hora de vender sus piezas, no cobra ni las horas de trabajo ni el diseño. Pese a ello, cree que merece la pena, «porque é algo que me gusta». Precisamente porque le gusta quiere vivir siempre de ello y, por mucha crisis que venga, no se va a parar. «Hai que reinventarse. Non me vou quedar parada, porque se paras, malo». Así que ya está pensando en llevarse el torno a su tienda y organizar talleres. «Se funcionan, tiramos tabiques e ampliamos», avanza.

La crisis ha llegado para condicionar las piezas que Mar consigue vender. «A nivel de tenda neste momento funciona máis a cousa pequena, sempre meténdolle cerámica». Pero en su universo de arcilla tienen cabida detalles de todo tipo, incluso camisetas: «A xente dime se non lles caen os apliques, pero é coma se levas pedrería, hai que tratala con coidado e non ten por que romper». La bisutería y las piezas personalizadas para regalo -álbumes o detalles para ceremonias- se cuentan hoy entre sus principales ocupaciones.

No cobra las horas ni el diseño, pero «merece a pena, porque é algo que me gusta»

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