El deporte se nutre de mejillón

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

La fiesta del Club de Remo de Vilaxoán cosechó un rotundo éxito

16 ago 2012 . Actualizado a las 06:49 h.

El Club de Remo Vilaxoán convirtió ayer el parque de Dona Concha en un restaurante al aire libre. La carta tenía un único protagonista: el mejillón donado por una de las asociaciones de bateeiros locales. Se podía degustar esta exquisitez sin complementos, cocinados los bivalvos simplemente al vapor. Su carne anaranjada también podía ir aderezada con todos esos ingredientes que dan forma a recetas cargadas de tradición y de historia: mejillones tigre, guisados, en vinagreta o en el interior de sabrosas empanadas de trigo y de millo. Pero el plato estrella de la jornada no fue ninguno de esos. Quienes decidieron «picar algo» a la sombra de los árboles del parque vilaxoanés les sedujo especialmente la oferta de pizzas que a su alcance puso el club de remo. Eran estas de tres sabores: con salsa rosa, con huevo o en versión picantona. Ya el año pasado gozaron del favor de los comensales, que se acabaron las 200 unidades preparadas para la ocasión. Y más que hubiera. Así que este año, los organizadores sumaron cien piezas más, que entraban y salían sin parar del horno montado en la cocina de campaña habilitada en la plaza de abastos local.

Es en la trastienda de la fiesta donde esta alcanza toda su grandeza. Y es que lo importante de esta celebración no es solo su atractivo turístico, que lo tiene, especialmente en un día encapotado en el que la playa se antoja lejana. Tampoco es lo primordial su faceta de promoción de uno de nuestros productos estrella, aunque también sirve para difundir las excelencias del mejillón. Lo realmente importante de este evento es que la recaudación se destinará íntegramente a alimentar las magras cuentas del club de remo. Y por eso, porque es para alimentar a su club, un buen puñado de rapaces, de esos adolescentes a los que les hemos colgado el sambenito de zánganos y haraganes, se esforzaban sin parar preparando platos, transportando mejillón, recogiendo mesas... Aprendiendo, resumía el padre de uno de ellos, que la vida no es un paseo triunfal. Que las victorias hay que remarlas.