Fiabilidad alemana al servicio del makoki

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

CEDIDA

19 jul 2012 . Actualizado a las 06:57 h.

con chanclas y a lo loco

El buga alemán es lo que se lleva entre los más domingueros de los veraneantes. Es lo que hay. Lo acaban de demostrar una cuadrilla de túzaros esbrancuxados, con sus gorros tipo Piensos Forza, sus suegras mutantes de piel churrascada y sus camisas a cuadros y manga corta, al plantificar sus Mercedes, sus Audis, sus BMW en las narices de ese kit de golf que está recorriendo el litoral gallego y estos días visitaba A Lanzada. Lejos de cortarse, los tipos no se abrieron a bordo de sus cabalgaduras de lujo hasta que no les llegó la arena al nivel de las agallas. Y cuando lo hicieron, no se llevaron varios conos y un monitor madrileño por delante de puro milagro. Makokis de cartera abultada y volante de cuero.

Fiabilidad teutona. Son los que mandan. Con permiso de los chinos... de los que no se fuman, ojo, no empecemos con las coñas. A un servidor, la verdad, le sube varios grados la bilirrubina tanta tontería de importación. Sobre todo porque aquí tenemos la mejor receta para hacer menguar esa prima de riesgo que tanto preocupa a nuestros atribulados mandatarios. Basta con sumergir a la pariente que marca la diferencia entre nosotros y los germanos en el agua de la ría para que retroceda un par de palmos. Exactamente igual que cualquier otro elemento susceptible de estirarse y encoger. Ya me entienden.

Claro que, puestos a buscar malestar estival, las fuentes son muchas y variadas. Al hilo de los éxitos balompédicos de nuestros muchachos, jóvenes y sobradamente millonarios, algunas cadenas de comida rápida se han marcado un tanto con un invento llamado combo futbolero. Atentos, amigos, porque la mezcla de grasilla y salsas corrosivas puede perforar cualquier aparato digestivo. Entre la chunga prima teutona y los ardores del papeo de garrafón, este verano acabará por domesticarnos a todos. Menos mal que nos queda un último placer. Afilar el colmillo y conducir un BMW a escape furado remontando la cuesta de Rubiáns en busca de uno de los mejores gintónic a esta orilla del río de O Con. Y, mir a, que sea de Larios, qué carallo.