Absurda obsesión azul en la playa

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Ochenta años lleva Vilagarcía buscándole identidad propia a A Compostela y no hay manera. La última, la plaga de ratones

08 jul 2012 . Actualizado a las 06:58 h.

la cosa política

Alguno argumentará que la presencia de los pequeños roedores en la playa de A Concha-Compostela no hace sino demostrar la calidad ambiental de un arenal capaz de sustentar vida salvaje. Y tal vez no le falte razón, pero que los ratones de campo tomen el sol junto al pinar probablemente tenga mucho más que ver con el sabroso cereal que acostumbraba a descargarse en O Ramal que con los valores naturales de la zona. El asunto, en fin, radica en que la convivencia entre dos especies tan diferentes como el pequeño cuadrúpedo y el bañista veraniego se antoja imposible si lo que se pretende es rehabilitar de una vez por todas un espacio tan magnífico como maltratado por los hados y una gestión que, al menos desde el año 2008, ha sido cualquier cosa menos brillante.

Conste en acta que los esfuerzos vienen de antiguo. Entre pitos y flautas, a todo el mundo se le pasó por alto el verano pasado un peculiar aniversario: el parque del balneario cumplía 80 años. El 9 de agosto de 1931, Vilagarcía celebró su apertura por todo lo alto. «Da la impresión de una playa moderna y europea», rezaban las crónicas periodísticas de la época. Mucho ha llovido desde entonces y aun así seguimos buscando esa identidad postinera que, sin embargo, pareció asentarse de forma definitiva en 1997, cuando el equipo del entonces regidor, el socialista Javier Gago, redondeaba una de sus gestiones de mayor trascendencia: inauguración del paseo marítimo a Carril e izado de la primera bandera azul.

Fue un espejismo. En el 2003, la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor, que entrega el galardón, se lo retira al arenal vilagarciano. Los de Gago se revuelven, pelean, y recuperan la enseña tres años después. Por poco tiempo. En el 2008, bajonazo: el endurecimiento de los criterios sobre la calidad de las aguas y la falta de un instrumento urbanístico específico para el litoral (al menos eso interpretó la extinta concejalía de Xestión do Territorio) arrebatan a la capital arousana la bandera azul. Y así hasta el día de hoy.

En el empeño por levantarle la paletilla a A Compostela, el bipartito PSOE-BNG se inventó una comisión de playas con tres concejalías involucradas que jamás dio una sola idea. Al final del mandato llegó un controvertido aporte de arena que tiñó de negro personas y enseres. Hubo, eso sí, un punto enormemente positivo en aquella etapa, ya en el tiempo de descuento hacia las urnas: el control de los vertidos, que se habían multiplicado hasta sumar 12 puntos contaminantes y 33 expedientes abiertos por la Xunta en dos años.

Tras un año de gobierno conservador muy poco se ha hecho. Solo una luz se encendió el verano pasado con Playing, aquel despliegue de juegos y atracciones que duró unos días. Ahí está el futuro, en aprovechar y consolidar una playa urbana decente y divertida, y en ir olvidando la obsesión con la bandera azul. Porque, desengáñense, o se dinamita el muelle de O Ramal, ahora que se extinguen las concesiones, y se deja correr de nuevo el agua, o lo único azul que allí ondeará serán las bermudas de algún dominguero.