A no ser que se produzca una ruptura, las tensiones internas apenas tendrán reflejo en la dinámica nacionalista en O Salnés
29 ene 2012 . Actualizado a las 07:02 h.Que este peculiar estado de cosas sea positivo o negativo para sus intereses es cuestión que los militantes del BNG de O Salnés tendrán que analizar. Pero lo cierto es que, pese al carácter de encrucijada que rodea a la asamblea nacional que el frente celebra este fin de semana en Santiago, el pulso interno desatado entre las distintas sensibilidades que conviven bajo las siglas del nacionalismo gallego apenas tendrá consecuencias en esta comarca. Siempre, claro está, que la dinámica en la que está envuelta la formación no acabe por generar una ruptura. En tal caso, la deriva, como en todas partes, sería imprevisible.
No es que el territorio arousano no haya sido prolífico en replanteamientos del rumbo político del BNG. Cabe recordar la candidatura que un grupo de afiliados no adscritos, animada también desde el Colectivo Socialista, impulsó en el 2003 para disputar el liderazgo en el consello comarcal a la Unión do Povo Galego, con el grovense Xesús María González Domínguez al frente. El asunto se resolvió en una sola lista conjunta.
La pujanza inicial del colectivo de no adscritos acabó por disolverse sin mayor misterio con la llegada del BNG al poder en San Caetano. La gestión autonómica, eso sí, generó otra suerte de dicotomía entre la UPG y el denominado quintanismo, el movimiento nucleado por el vicepresidente de la Xunta en su intento por redefinir al Bloque desde el ejercicio del Gobierno. Quintana desapareció con la derrota frente al Partido Popular en las elecciones del 2005, pero no así el proceso que había puesto en marcha, que de alguna forma recogió Carlos Aymerich y los suyos en Máis Galiza, hoy aliada circunstancial del Encontro Irmandiño de Xosé Manuel Beiras, una vez más frente a la hegemonía de la UPG.
Máis Galiza tuvo sus valedores en O Salnés. Desde Xosé Castro Ratón y Ana Lorenzo, en Vilagarcía, a Roberto Fernández Lores en Sanxenxo y Nando Casal en Catoira. Salvo la edil vilagarciana, ninguno de ellos está ya en activo. EI, por su parte, encontró anclaje en Ramón Mouriño (Ribadumia) o Xosé Manuel Domínguez (O Grove). Sucede que, juntos o separados, ninguna de dichas propuestas ha podido generar el movimiento suficiente para disputar el control real del frente en Arousa a la UPG. Algo que no parece que la asamblea de Santiago pueda cambiar.
la cosa política
No parece que la asamblea de Santiago pueda restar puntos a la UPG en Arousa