La huella de don Manuel en Arousa

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

Cambados y el albariño sintetizan la relación de Fraga con la comarca

17 ene 2012 . Actualizado a las 07:02 h.

«Señora, eu sempre cumpro o que prometo». Con estas palabras zanjaba Manuel Fraga la breve conversación que mantuvo con una mariscadora de A Illa en su última intervención institucional como presidente de la Xunta en Arousa. Era un sábado, frío y soleado, un 6 de noviembre del 2004, un puñado de meses antes de las elecciones autonómicas que encumbrarían al bipartito de Touriño y Quintana y encaminarían al de Vilalba hacia su último servicio público: una de las tres actas que representan a la comunidad autónoma en el Senado.

A Illa siempre entrañó su particular intríngulis para Fraga, desde que el 14 de septiembre de 1985, presidiendo entonces Alianza Popular, fuese despedido con algo más que palabras de la inauguración del puente. Don Manuel retornó al continente a bordo de una motora. El conservero Serafín Santórum, amigo personal e incombustible partidario del líder conservador, no le dejó solo un instante. «Collimos o barco e marchamos a Vilanova por mar, deixando o coche na Illa, mesmo houbera pedras e se montara a do demo, pero debo dicir que con don Manuel os momentos bos eran incontables, aquelo foi só unha anécdota; este é un día de moita dor na miña familia porque Fraga foi a mellor persoa que atopei na miña vida, queríao coma a miña nai», confiesa el empresario vilanovés que durante 15 años presidió en O Salnés la agrupación de Reforma Democrática, primero, Alianza Popular a continuación, y el Partido Popular, por último, en los tiempos más complicados, cuando la maquinaria conservadora se encontraba todavía lejos de operar en Galicia con la contundente eficacia que el veterano político supo imprimirle tras su desembarco en la Xunta, en el último suspiro de 1989. «Eu -rememora Santórum- fun un dos que lle convencín, despois daquel golpe de Laxe, de que ou viña ou isto acabábase».

Aquellos 15 años de férrea presidencia dieron para mucho. También en lo que respecta a O Salnés. La definición de lo que hoy es la comarca se debe, para bien y para mal, a la prolongada gestión que lideró el vilalbés. Comenzando por la comarcalización incipiente que su Administración puso en pie y rematando por la vía rápida, hoy reconvertida en autovía, las huellas de su labor al frente del aparato autonómico son innumerables en el territorio arousano. Polígonos industriales, la empacadora de Sogama en Ribadumia, el auditorio de Vilagarcía, Cortegada... Y la sede del Consello do Mexillón, marcada por las protestas de los 90 que culminaron con el derribo de las vallas de San Caetano, sede del Gobierno gallego. Fraga nunca lo olvidó. Hasta el punto de invocar con retranca a Santa Baia en la inauguración de las instalaciones ubicadas en Vilagarcía.

Claro que si un solo elemento tuviese que condensar su relación con O Salnés, este sería sin duda Cambados y el universo del albariño. Siendo ministro de Información y Turismo, todavía bajo la dictadura franquista, Fraga gestionó en los años 60 la conversión del pazo de Bazán en parador nacional. En 1969 se crea el Capítulo Serenísimo del Albariño, del que fue Gran Mestre hasta el final. Su última visita a O Salnés se debe, precisamente, al día grande del Albariño. Corría el 1 de agosto del 2010, domingo. Aunque, como ya había sucedido el año anterior, don Manuel no participa en el desfile de las Damas y los Cabaleiros, sí preside la imposición de las Follas de Ouro. Sin saberlo, Manuel Fraga se despidió entonces del mar de Arousa.