Este año el calendario no ha querido ser generoso con los isleños. La coincidencia de San Julián en sábado les privó de un preciado festivo con el que prolongar las ya descansadas fechas navideñas. A cambio, el sol quiso ayer dejar su escondite de los últimos tiempos y brindó un maravilloso día para que los arousanos disfrutasen a lo grande del día más importante del año, con permiso del Carmen: la festividad de su patrón, San Julián.
Como la Gran Manzana
A media mañana comenzaba a verse en las calles el trajín habitual en esas horas. Pero la de San Julián no es una mañana cualquiera y algo había, por supuesto, diferente. Los isleños que asomaban por las puertas habían dejado en el armario la ropa de faena y lucían sus mejores galas. Traje y, por supuesto, corbata, en los hombres e incluso en algunas mujeres. Una concentración de complementos por kilómetro cuadrado que estaría en condiciones de competir con la Gran Manzana.
Solemnidad
Es la elegancia precisa para homenajear al santo como se merece, un requisito imprescindible antes de iniciar las maratonianas horas de fiesta. Así que hubo misa solemne y, por supuesto, procesión para que la imagen de San Julián repartiese su aura de protección por las calles de la localidad.
Y después desmadre
Y tras haber celebrado al santo como se merece, los isleños se lanzaron en tropel a vivir la juerga padre. El aperitivo, primero, y las prolongadas comidas en restaurantes, bares e incluso garajes, después, fueron los sencillos ingredientes que los isleños amasaron para confeccionar otro día del patrón muy especial. Una jornada en la que todas las generaciones de isleños, desde los más pequeños hasta los abuelitos, comparten sonrisas y en la que cada vez van asumiendo mayor papel las féminas. Como debe ser.