Nieve en la Navidad de O Grove

La Gran Nevada organizada por Emgrobes reunió en Praterías a decenas de niños


vilagarcía / la voz

A Raúl, la lluvia que despidió el año le chafó los planes. El rapaz ya tenía todo preparado para la Gran Nevada con la que los comerciantes de O Grove celebran desde hace unos años el 31 de diciembre. «El chubasquero, las botas, habían venido unos primos de Pontevedra...», nos cuenta Luchi, su madre. Pero aquel día, lluvia de verdad chafó la nieve espumosa en la que, gracias a Protección Civil, los pequeños se enchoupan hasta las cejas. Ayer, la climatología no le estropeó a Raúl la fiesta: Tal y como estaba previsto, a las once de la mañana nevó sobre la calle Praterías, en pleno casco urbano. Y nevó de lo lindo.

«¿A que parece nata, mamá?», preguntaba una niña que miraba los toros desde la barrera. En casa no había querido ponerse las botas y el chubasquero, así que trataba de ganarse el indulto charlando, zalamera, con sus padres. Mientras ella negociaba, dentro de la zona blanca niños preparados para la nieve y otros no tanto, aprovechaban el tiempo. A unos metros de distancia, algunas madres sufrían pensando en las repercusiones que ese baño en plena calle tendría sobre las toses y los catarros invernales. Otras aseguran que por eso no hay que preocuparse. «Si fuese con otra cosa, cogían gripe y de todo. Pero con esto no. Al acabar a casa, ducha calentita, ropa seca y listo».

A la diversión, más en un día como el de Reyes, no se le pueden poner cancelas. Así que las vallas que ciñen el recinto de la Gran Nevada no sirven de mucho. La blanca espuma se desparrama más allá de esos límites y va mojando, poquito a poco, los pies de los padres y las madres que rodean la gran piscina en la que se ha convertido Praterías. En estos casos hay que contar, además, con el interés de los chavales por hacer partícipes a sus padres en la diversión. Sabela, por ejemplo, tiene ganas de que la juerga salpique también a los mayores de la familia, así que tras darse un buen revolcón en la nieve se pone en pie y con gesto inocente, corre a repartir sus húmedos abrazos.

De nada valen las protestas de los papás, que por otro lado tampoco son vehementes. Los padres están emocionados registrando en vídeo y en fotos todo lo que ocurre en la calle Praterías. «Deberían hacer más cosas así», concluye una madre. A los niños, las vacaciones de Navidad se les hacen largas, y cualquier actividad que rompa la monotonía de los días se agradece. En lugares más grandes, como Pontevedra o Vilagarcía, «hay más oferta, más cosas que hacer con los chavales». Pero en localidades del tamaño de O Grove la oferta es más reducida y «estamos condenados a coger el coche». Por eso, cualquier actividad que se realice es bienvenida. «Y no hacen falta grandes cosas. Un cuenta cuentos, una cosa como esta... Sin grandes despliegues se entretienen, se divierten, y van llenando su agenda», dicen los padres.

Mientras ellos hablan, sus hijos siguen bautizándose con nieve de mentira. Unos se estiran boca arriba en el suelo y agitan brazos y piernas para dibujar la figura de un ángel. Otros corren y se caen y se deslizan. Y hay quienes transforman su cuerpo en un trineo y van dejando tras de sí un caminito. Una pequeña muy pequeña se incorpora a la fiesta cuando ya todo el mundo está calado. Su abriguito rojo reluce en el campo de batalla blanco, y sostiene en su mano una nube de espuma. Mira seria a su alrededor. Y, de repente, sonríe.

«¿A que parece nata, mamá?», pregunta una niña que también quiere mojarse

«Deberían hacer más cosas así», dice una de las madres mientras mira el espectáculo

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