Coger almejas no es como coger percebes. No hay que trepar por las rocas ni te arriesgas a que una ola te engulla. Por eso un kilo de percebe se llega a pagar en la plaza a 85 euros el kilo frente a los 16 euros de la japónica. Pero lidiar con las olas a bordo de una pequeña lancha o rastrillar el fondo con el mar por los muslos no es poca cosa. Ese es el escenario en el que a menudo trabajan los mariscadores y mariscadoras cuando llegan fechas como estas. Es Navidad, la mejor época para ganar bien, y si el clima no ayuda lo que toca es luchar contra los elementos. En O Grove, en A Illa, Vilanova, Carril, Vilaxoán o Cambados. En todos los puertos de la comarca están al cien por cien de actividad para aprovechar el tirón navideño. Los rañeiros se pertrechan a primera hora de la mañana. Las mujeres lo hacen al son que les marcan las mareas.
La organización, la clave
O Sarrido es un banco grande y rico. Las crónicas hablan de que hubo un tiempo en que se cogían las ostras a puñados. Treinta años atrás era tal la abundancia de berberecho que no había más que remover con las manos para llenar la bolsa. Hoy, la especie más abundante es la almeja, y ya no la puede coger cualquiera.
El sistema de trabajo ha evolucionado. La organización del sector y el control sobre el recurso se han convertido en aspectos cruciales para obtener una cosecha que permita acabar el año con unas ganancias medias de 13.000 euros. Y la Navidad es una época clave; en diciembre del 2010, las mariscadoras de Cambados superaron los 2.000 euros de ganancias, pero no todo es jauja. Hay meses en que no alcanzan ni los 700 euros, y de ahí hay que sacar para la seguridad social (170 euros). Con todo, los 400 euros que ganan en otras agrupaciones en meses malos les quedan lejos. «E que cando as demais collían de todo, nós gardabamos. E imos limpar e a sementar...», explican las cambadesas.