Dice la Wikipedia, que el mus es un «juego de naipes con baraja española sobre cuyo origen navarro no hay grandes discusiones». La enciclopedia virtual dice, también, que las primeras partidas documentadas datan de mediados del siglo dieciocho. Y señala, además, que desde entonces la práctica de ese juego se ha ido extendiendo por toda España. De esta última afirmación es testigo excepcional Santiago Alonso, el organizador del certamen de mus que durante la última semana ha reunido en A Toxa a setenta jugadores llegados de todos los puntos de la península. El torneo se cierra oficialmente esta noche, con la gala de entrega de premios. Pero las placas de los ganadores tienen los nombres gravados desde ayer. Los campeones absolutos del certamen han sido Azucena y Jorge, un matrimonio vallisoletano, que se han impuesto en una apretada final a Mariano y Pilar, que también son marido y mujer. La pareja Rujas-Bracero se ha hecho con el premio del grupo B, tras imponerse también en una apretada final a Alonso y Del Real.
Veinte años
Los ganadores de esta edición del campeonato de mus de A Toxa podrán presumir de haber ganado una edición redonda: la número veinte. Y es que el torneo es uno de los clásicos de su especie. La mayoría de los participantes acuden puntualmente a una cita en la que toman parte desde hace tiempo, y que les ha servido para tejer una red de amistades que cruzan el mapa de España en todas las direcciones. En la nómina de participantes hay canarios, malagueños, vallisoletanos, valencianos, madrileños, alicantinos...
El perfil
No es fácil dar el perfil de estos jugadores: se trata de gente que dispone de tiempo para recogerse durante una semana en el Gran Hotel de A Toxa, con los gastos que eso acarrea y supone. «Hablamos de gente de un nivel medio-alto. Más bien alto», reconoce Santiago Alonso. A pesar de ello, el torneo también ha notado el golpe de la crisis. «Aquí hemos llegado a jugar campeonatos con sesenta parejas, y este año hemos sido 34», explica el organizador.
Tiempo para todo
Durante su estancia en la isla de A Toxa, la «gran familia» en la que se han convertido los jugadores de mus tiene tiempo para todo. Las partidas oficiales arrancaban a las siete de la tarde, pero a lo largo del día «también nos reunimos para jugarnos la comida o la cena». Y es que el mus engancha. «Creo que es el juego de cartas más bonito, es un juego de envite que engancha mucho», dice Alonso. Aún así, los jugadores también estuvieron alejados de la baraja. «Hay quien disfruta de las aguas termales, hay quien se va a dar paseos en bicicleta... Hay tiempo para todo». Entre otras cosas, para disfrutar de los manjares que se ofrecen en los restaurantes que hay al otro lado del puente.