Solo el Céltiga podía ganar el derbi

Pablo Penedo Vázquez
pablo penedo VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

A falta de fútbol, buenas son las ocurrencias arbitrales. Decidido a jugar contra viento y marea, el colegiado del Céltiga-Arousa, el vigués Extremadura Hernández, se erigió el pasado domingo en el nombre propio de un derbi que ni uno ni otro equipo querían jugar por respeto a sus respectivas aficiones.

La fuerza del aire del primer temporal de este hasta ahora acartonado otoño llevó a las directivas y técnicos de ambos clubes a pedirle al trencilla el aplazamiento del choque, sin éxito. Quizás aficionado culé, Hernández entendió que jugar al fútbol pasa por desplazar el balón únicamente a ras de suelo. Y el césped del Salvador Otero no presentaba ningún problema por causa de las primeras lluvias.

Claro que cuando alguien se empeña en convertir un partido de fútbol en una competición de a ver dónde vuela la pompa de jabón en la que se convirtió el esférico, todo puede volverse más absurdo todavía.

Poco se podía imaginar el arousista Oliveira, con el dorsal número 6, que un golpe en una ceja en los primeros compases del choque le iba a costar a sus compañeros y a él un desfile por el ropero del estadio isleño durante el receso del derbi. Con sangre en su camiseta, el herido tuvo que recurrir a la elástica de su compañero Eloy, en el banquillo con el número 16, ante la exigencia del trencilla. Hasta ahí, todo normal.

El problema llegó en el descanso del partido. Extremadura Hernández comunicó entonces a la expedición arousista «que u Oliveira se ponía una camiseta con el número 18 o el 19, o si no no podría volver al campo». El entrenador vilagarciano, Lino González, relata que ante tan sorprendente situación «lavamos la camiseta con la que Oliveira había empezado el encuentro. Le quitamos la sangre, y se la enseñamos al árbitro. Pero nos dijo que no, que así no podía jugar».

Por suerte, «el Céltiga se nos ofreció a prestarnos sus camisetas de reserva. Y al final, tuvimos que jugar con ellas». Oliveira recuperaba su 6 original, pero cambiando el amarillo de la segunda equipación vilagarciana por el azul isleño.

Lino González seguía ayer sin entender al árbitro. «Se lían ellos solos», dice. Y es que para el preparador del Arousa la situación tenía muy fácil arreglo. «Solo tenía que identificar en el acta el cambio de dorsal de Oliveira» y posteriormente de Eloy, el dueño original del dorsal 16, que entró en el minuto 62 de juego en sustitución de Jónathan.

En el bando rival, el entrenador del Céltiga, Manolo Núñez, daba ayer por buena la solución inicial del Arousa con el intercambio de elásticas entre Oliveira y Eloy.

De todo se aprende

Para que esta sea la primera y última vez, Lino ha hecho suya la recomendación que su utillero, Pepe, le hizo a raíz del modo de proceder de Extremadura Hernández. «A partir de ahora», adelanta el entrenador, llevaremos con nosotros camisetas con los dorsales 17, 18 y 19 para lo que pueda pasar».