Louzán desempeñó un papel central en el retorno de Rivera
16 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Así son las cosas. Cuando la polvareda volvía a levantarse en una Vilagarcía de vuelta de su primer cambio de color gubernativo en dos décadas. Cuando el nuevo alcalde popular, Tomás Fole, comenzaba a degustar el amargo sabor de la aritmética por debajo de la mayoría absoluta. Cuando los mentideros de la capital arousana hervían con inquietantes coqueteos entre la oposición, abriendo una rendija a la posibilidad de una coalición de todos contra el Partido Popular. Cuando, en fin, todo esto estaba sucediendo, llegó José Luis Rivera Mallo y mandó parar. Para ser exactos, José Luis Rivera y el presidente provincial de los conservadores en Pontevedra, Rafael Louzán, sin cuya intervención la histórica reconciliación entre los dos polos del centro derecha de la ciudad se hubiese quedado en lo que siempre fue desde la escisión de Ivil, en 1999: un intento recurrente condenado a un fracaso cíclico.
Fue, efectivamente, el político ribadumiense quien telefoneó al líder de Independientes por Vilagarcía el jueves al mediodía para proponerle un acuerdo satisfactorio sin la presión de unos comicios municipales encima. Muy al contrario, lo que los populares preparan es un asalto en toda regla al Gobierno central, y las buenas perspectivas electorales que anuncian todas las encuestas les otorgan, por primera vez en mucho tiempo, margen real para negociar con cartas de peso que ofrecer a las piezas apetecibles. En este caso, el líder de Ivil y los trescientos militantes conservadores que le acompañaron en un exilio que, guarecido bajo las siglas de Ivil, tantos quebraderos de cabeza le ha proporcionado a la gaviota vilagarciana.
De acuerdo en solo unas horas
No hizo falta remover demasiado la cuestión. Reunido con sus más estrechos colaboradores, Rivera Mallo, curtido en tantas trincheras, aceptaba apenas unas horas después un más que probable puesto en el Senado -la distribución de las tres actas que corresponden a la provincia garantiza, de no mediar un cataclismo, como mínimo dos de los escaños al PP- a cambio de desactivar su formación independiente. Su número dos, Cholo Dorgambide, ocupará su lugar en la corporación municipal, como miembro del gobierno y, tal vez, nuevo responsable de Seguridade Cidadá. Una medida que también afectaría a Manuel Tarrío, que desde el 2007 compagina su papel como patrón mayor de Vilaxoán con su acta de concejal, y que de esta forma se vería obligado a asumir otros cometidos.
Además de al propio Rivera, que regresa a su partido de toda la vida por la puerta grande junto a su gente, la reintegración beneficia claramente a Louzán. Su figura había caído, en Vilagarcía, en una suerte de limbo de desconfianza tras el intento de que fuese Javier Puertas, y no Tomás Fole, quien pilotase la agrupación local del PP y disputase al PSOE la alcaldía en los comicios de mayo. El de Ribadumia se reivindica ante la militancia de la tercera ciudad de la provincia, gestionando un acuerdo que garantiza a los populares la estabilidad que las urnas les habían escamoteado en el que es su principal gobierno municipal en Pontevedra.
Obviamente, lo ocurrido tampoco le viene nada mal al alcalde, que tendrá todo de su parte para consolidar Vilagarcía como la punta de lanza del PP en la Pontevedra urbana. Toda moneda tiene su reverso, y la mayoría de la que disfrutarán los conservadores supone también un reto, porque nadie entendería un pinchazo dentro de tres años y medio en tales circunstancias. El panorama, de cualquier manera, les es claramente favorable y el resto será cuestión que se dilucide con el paso del tiempo. Por lo demás, queda constatar que esta fusión fría, materializada cinco meses después del 22-M, triunfa al sexto intento. Trató de hacerlo Miguel Ángel González. A continuación se entablaron al menos dos reuniones antes de las autonómicas del 2005. Fole maniobró en las vísperas de los siguientes comicios gallegos y de las municipales de mayo. No hay dos sin tres, ni cinco sin seis.
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