Universalizar la cultura

Manuel Blanco

AROUSA

Universalizar la cultura es mucho más que una expresión de modernidad. Es un síntoma de progreso social. Y en estos tiempos de austeridad y bolsillos vacíos, programar cultura es también una señal de esperanza, un guiño a aquellos que confiamos en que este castillo no se venga abajo del todo.

Las actuaciones que ayer presentaron los responsables de Novacaixagalicia y el Concello arrojan algo de luz en un panorama del que últimamente solo se veían sombras y evidencian, por otra parte, el valor que durante años jugaron las cajas y su obra social en esa carrera por democratizar la cultura. Por evitar que fuese un reducto exclusivo de las élites.

Vilagarcía, sus ciudadanos, y los de los concellos vecinos, disfrutaron durante años de una programación de primer nivel que, sin la obra social, sería poco menos que insostenible desde el punto de vista financiero para una institución como el Concello o, desde luego, para cualquier promotor privado. La incógnita, pues, es saber qué pasará en el futuro a corto plazo, habida cuenta de la amenaza de tijera que tiene ante sí la obra social. Seguramente, ese día muchos se hagan cargo de su importancia. Y de lo que se perdió en el camino.