¿Adiós a la programación cultural?

El auditorio y la casa de cultura de Vilagarcía pasan de la sobreocupación al vacío en 4 meses


vilagarcía / la voz

Hubo un tiempo en el que el auditorio municipal de Vilagarcía programaba dos montajes de teatro a la semana. Las exposiciones rebosaban la sala de muestras de las instalaciones hasta multiplicarse en el vestíbulo y el espacio que se abre frente al salón de conferencias. En la casa de cultura de Alcalde Rey Daviña, el ciclo anual se quedaba corto para albergar a todos cuantos creadores plásticos apetecían mostrar su obra en las dos plantas de la Rivas Briones. De todo aquello hace apenas tres, cuatro, cinco meses a lo sumo. En tan breve período, los principales recintos culturales de la capital arousana han pasado de la ocupación frenética a un vacío inmaculado.

Las últimas propuestas escénicas se remontan al 9 y 10 de julio, con la doble sesión de Los hombres no mienten que ofreció la compañía de Arturo Fernández, y a la semana de celebraciones del trigésimo aniversario del grupo de teatro aficionado Clámide, el mes pasado.

El ritmo de exposiciones dista de mejorar este panorama. A excepción de los extintores, nada cuelga de las paredes de la sala Antón Rivas Briones desde que el 18 de septiembre se clausurase la muestra de fotoperiodismo Estaçao Imagen i Amora. Nunca, desde que este espacio fue reformado e inaugurado, en 1999, habían transcurrido tantas semanas sin contenido. Y, lo que es peor, sin que de momento se conozca quién va a sucecer a la asociación de reporteros gráficos en su interior.

En su última visita, el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán, comprometió el respaldo de la institución para la rehabilitación del salón de actos de la casa de cultura. La intención de la nueva concejala es incorporarlo a la Rede Galega de Teatros e Auditorios, dependiente del organismo autonómico Agadic, de la que ya formo parte importante en los años 90. Pero su programación exige gastos compartidos -Agadic y los municipios sufragan los gastos de caché de las compañías y se reparten la taquilla- y exclusivos, como los derivados del funcionamiento del recinto, además de la inversión precisa para su equipamiento técnico. Y precisamente la falta de recursos económicos es, junto a una titubeante gestión política y a la herencia recibida, el factor que explica esta fulminante parálisis.

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