El acierto del parque de Bonaval

La Voz

AROUSA

Nacida en el pazo de Vista Alegre, en Vilagarcía, la posibilidad de intervenir en un espacio urbano altamente degradado, en su propia ciudad natal, sedujo a Isabel Aguirre desde el mismo instante en el que la antigua concejalía de Xestión do Territorio inicio la búsqueda de un profesional de prestigio para cimentar tan ambicioso propósito. La carrera de la arquitecta y paisajista contaba, en este sentido, con un hito cercano, cuyo acertado diseño los vilagarcianos podían comprobar fácilmente: la creación, a tiro de ferrocarril, del parque de Bonaval, en Santiago de Compostela, junto a un hombre de la talla de Álvaro de Siza.

Aquel proyecto, que integraba la arquitectura avanzada del Centro Galego de Arte Contemporánea y el profundo valor histórico del convento de Santo Domingo de Bonaval en un mismo espacio, les valió a ambos el Premio Nacional de Arquitectura Manuel de Dehesa en su edición de 1997. Profesora en la Universidade de A Coruña, la urbanista dirigió también la apertura de dos grandes parques en Lisboa, Oeste Valle Grande y Sur, así como la recuperación de la Illa das Esculturas, en Pontevedra.

Esta trayectoria otorgaba a Isabel Aguirre las garantías de calidad precisas para pilotar la aplicación en Vilagarcía de un nuevo modo de entender la ciudad en su relación con las gentes que la habitan. La política de peatonalizaciones del centro urbano le debe mucho a una profesional que, sin embargo, no parece disfrutar de la misma fortuna con respecto a la valoración de las reformas emprendidas en los jardines de Ravella y A Compostela. El tiempo dirá qué sucede con A Xunqueira.