A menudo hablamos de las piedras que nos encontramos en el camino o de los baches que todos sufrimos en algún momento, haciendo referencia a los distintos problemas con que podamos toparnos a lo largo de la vida. Y para ello siempre utilizamos como receta frases como «caminar con paso firme». Pero hay veces que, a mayores de las dificultades a las que uno tenga que hacer frente, la traba para caminar con ese paso firme reside en los propios pies. Pie equino varo es el término que define a la patología que afecta a uno de cada mil niños que nacen. En países como España apenas es conocida, porque la malformación puede corregirse con tratamientos conservadores. Pero en países como El Salvador no hay atención primaria. O lo que es lo mismo, no pueden ser tratadas. Y la patología se extiende maliciosamente, no solo referida a la dificultad que supone para los afectados caminar y desplazarse, sino porque también es sinónimo de marginación e impedimento para acceder, por ejemplo, al mundo laboral.
La expedición
Es entonces cuando emergen figuras solidarias como la del podólogo Patricio Serqueira, que viaja cada año con otros tres expertos españoles a Zacatecoluca para intervenir a niños que sufren esta patología. Este año ha habido una provechosa novedad, y es que los cirujanos han conseguido que el hospital de la zona cediese quirófanos y laboratorios para actuar en mejores condiciones. Patricio, que trabaja en una clínica en Vilagarcía, describe que los momentos más tensos «son cuando, después de valorar a los niños (pasamos allí diez días solamente, y no podemos intervenir a todos), comunicamos a las familias quiénes serán operados». Porque hay niños que incluso viajan andando desde pueblos que están a siete u ocho horas de esa zona, para que ellos puedan curarlos. No solo físicamente. El pie equino varo es una traba cuyas consecuencias dificultan la independencia de quien la padece. Pero hay razones para ser positivos, pues en este último viaje han podido operar a más niños que nunca: un total de 52, habiendo valorado a más de 160. Debido a diez días de solidario trabajo, los pequeños podrán avanzar con paso firme en la vida, sin ser dependientes.