Con una huelga convocada en colegios e institutos, los padres se enfrentan a una jornada especialmente compleja
21 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Jenny, con sus seis o siete años a cuestas, mira atenta la puesta en escena con la que los profesores del colegio Torre-Illa reclamaban ayer «un ensino público e de calidade». «Están de folga porque recortaron algo», explica con gesto de resabidilla, sin quitar los ojos de encima a la fila de maestros y las letras con las que iban a componer su mensaje. Los profesores, mientras, miraban al frente y dejaban los brazos caídos para demostrar su enfado con una Xunta que los trata «como se fósemos uns palanquíns».
En A Illa la protesta se hizo entre la una y la una y media de la tarde. Y quienes la protagonizaban recibían con cierta inquietud las noticias sobre el seguimiento del paro en el resto de los colegios de O Salnés. La primera jornada de protesta no tuvo mucha incidencia en la comarca. Hoy llega el primero de los días grandes: una huelga en toda regla con la que los docentes quieren hacer una demostración de fuerza. En algunos centros se prevé un seguimiento masivo del paro. En A Lomba, por ejemplo, el director se mostraba inquieto porque el único profesor adscrito a los servicios mínimos tenga que hacer frente el sólo a una avalancha de alumnos. «Xa informamos aos pais de que nós non podemos garantir a seguridade dos rapaces», explica.
Los padres, dicen en muchos de los colegios, «normalmente son consecuentes». Hay quienes, si hay huelga convocada, evitan enviar a sus hijos al centro. Pero también están los que no tienen más remedio que llevar a los chavales a clase. «Hay servicios mínimos, ¿no? Yo no tengo otra solución», explicaba ayer una madre a las puertas de O Piñeiriño. Se oye otra voz a su lado. «Cada día de huelga es un suplicio, tengo que mover cielo y tierra para encontrar con quién dejar a los niños».
Con cada día de huelga los superabuelos cobran aún más protagonismo del que tienen a diario, y hasta los vecinos se pueden convertir en alguien a quien pedir un favor. Y, a la puerta del colegio, es inevitable poner en la balanza las demandas de los profesores y los problemas que ocasionan sus protestas. La madre de una niña de cuatro años frunce el ceño. «Yo no sé muy bien por lo que se quejan. Dicen que es que tienen que dar clase dos horas más... Pero yo tampoco sé si por eso tienen que montar tanto lío». «Tienen las vacaciones que soñaría cualquier currante», opina otro padre.
Los profesores, al escuchar los pecados de los que algunos les acusan, agitan la cabeza. «Para empezar, non son dúas horas máis de clase, son catro», explica una profesora del Arealonga. Y esas cuatro horas se invertían antes, asegura, en preparar actividades, desarrollar programas, dinamizar las bibliotecas y los talleres, ayudar a los chavales que necesitan refuerzo. «Hai quen pensa que o traballo dos profesores empeza e remata nas clases, pero non é así», argumenta la misma docente. Desde las salas de profesores se quiere transmitir un mensaje alto y claro. «Nós prexudicamos as familias a corto prazo. Pero se non evitamos os recortes, enfrontaranse a un prexuizo moito maior».
En directo a la puerta de los colegios
Unos 1.700 docentes están llamados a participar en la protesta de hoy