Sorpresas

Xurxo Melchor L

AROUSA

as mañanas se parecen mucho unas a otras. Sobre todo si madrugas un poco. A esas horas en las que la ciudad parece aún en construcción, en las que las calles son como esos muebles baratos a medio montar, en esos momentos casi todo es tiniebla. La luz la pone el sol. Y alumbra un montón de pistas sobre cómo será ese día que comienza. Si hay o no nubes. Si hay niebla. Si el cielo resplandecerá en un azul inmenso. Rara vez le presto atención a las previsiones del tiempo. Porque soy de los que prefiere ver antes que especular. Prefiero comprobar que hay niebla y llueve y no maldecir al hombre del tiempo por haber dicho que luciría el sol. Ninguna predicción es fiable. Ni la que se hace con datos reales. Ayer amaneció nublado. Y lluvioso. Hacía frío. Así que me abrigué un poco y me maldije varias veces por no haber ido a comprar el paraguas que llevo meses diciendo que tengo que ir a comprar. Me mojé. Y sin embargo, la niebla y la lluvia desaparecieron a la hora de comer. Un sol brillante lució en un inmenso cielo azul. Adiós camisa, adiós corbata. Hola camisa de manga corta. La vida es una sorpresa continua. Una mañana te levantas creyendo que todo será igual que el día anterior y sin embargo te acuestas como alguien nuevo. Alguien con planes diferentes. La vida es una incerteza. Un rompe predicciones. Un ya veremos. Un ver caer todo aquello que creías que estaba bien sujeto. Y que afortunadamente no lo estaba. Porque no hay nada más muerto que una vida sin sorpresas.