La tecnología, al servicio de la droga

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

AROUSA

Los clanes de narcotraficantes pontevedreses se profesionalizan para evitar la labor policial

10 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Modernizarse o morir, o en su caso, acabar entre rejas. Este es el mensaje que está cundiendo desde hace tiempo entre los clanes de narcotraficantes asentados en las Rías Baixas, algo que no escapa a los investigadores policiales encargados de perseguirlos.

Es algo a lo que el propio fiscal superior de Galicia, Carlos Varela, hace referencia en su memoria anual. En ella se advierte de que estas organizaciones están empleando medios como el correo electrónico y similares, así como telefonía vía satélite con el objetivo de evitar pinchazos en las comunicaciones.

Además, se ha constatado que cada vez es más habitual que los narcotraficantes estén echando mano de equipos de contravigilancia con los que realizar barridos para detectar «balizas ou outros sistemas de seguimento».

Todas estas artimañas tienen como meta clara la de dificultar «os labores de investigación».

Este juego del gato y el ratón también ha derivado en el que se hayan producido sutiles cambios en el forma de proceder de los entramados mafiosos. No solo se trata de que impregnen algunos alijos con productos -no siempre efectivos- que camuflen «los olores característicos de los alcaloides» frente a los perros policía, sino que se ha incrementado el transporte de las sustancias mediante contenedores, en lo que se conoce como gancho ciego o gancho perdido.

Posiblemente se trata del «sistema máis seguro e sofisticado». No en vano, las drogas se ocultan en el tráfico comercial legal, de tal modo que la organización, normalmente, se mantiene «a salvo de calquera eventual interceptación dos envíos».

Pero no siempre es así. Hace escasos días la colaboración de los agentes pontevedreses del GRECO-Galicia ha permitido a la Policía Nacional desarticular una red especializada en este tipo de introducir alijos a través del puerto de Valencia.

Lo habitual en el gancho ciego es que la red mafiosa controle una empresa exportadora en Sudamérica, de tal modo que los alijos se envían dentro de contenedores mezclados con mercancía legítima. La firma importadora desconoce el contenido de los depósitos, de tal modo que una vez fuera del alcance de las fuerzas policiales son recepcionados por las tramas.

Lo que permanece inmutable es la preferencia por la vía marítima «pola súa capacidade para atravesar o Atlántico con grandes cargamentos». Los alijos, posteriormente, son llevados a tierra en naves de menor porte, así como en lanchas o planeadoras.

La ruta habitual que suelen seguir los envíos es la directa entre el Caribe y la costa de las Rías Baixas, una travesía que recientemente se está completando con la de África meridional. En este caso, los países africanos son utilizados como almacenes de la droga hasta que esta pueda ser introducida en el mercado español y, por tanto, europeo.

Ya en menor escala, se emplea la vía aérea, para lo que se valen de pasajeros que o bien transportan la droga en su organismo o bien en su equipaje.

Presión policial

Frente a esto la labor policial ha conseguido que los clanes de la droga tenga que asumir más riesgos y, paradójicamente, más precauciones. La presión de los investigadores en Pontevedra está provocando un cierto traslado de las operaciones a la Costa da Morte, así como que se busquen puertos con menor presencia policial en el sur de España o el centro-norte de Portugal para los alijos remitidos como gancho ciego.