Santiago Rodríguez es de Porriño. Hace años venía ya a la comarca de O Salnés, pero por otras cuestiones bien distintas a las que ahora lo traen casi a diario. Su historia es muy similar a la que vivieron muchos jóvenes, pero él ha sido más afortunado. Consiguió dejar atrás las drogas y Pazo Baión le ha supuesto una oportunidad para acceder al mercado laboral. No la ha desaprovechado. Lleva cuatro años vendimiando la finca que en otro tiempo fue emblema de la lucha contra el narcotráfico. Y considera que debería haber muchas otras iniciativas de este tipo. Proyectos que les permitan demostrar «o que valemos e que non somos unha lacra para a sociedade», afirma.
Acuerdos como el que en su día firmaron Pazo Baión y el Plan Nacional sobre Drogas, que obliga a la bodega a contratar a ex toxicómanos, debería haber muchos más. Lo dice uno de los beneficiarios de este convenio. Santiago Rodríguez asegura que su trabajo le ha dado la oportunidad de demostrarse a sí mismo lo que vale. Su experiencia con la vid le viene de antes, porque en su casa también había que vendimiar. Pero nunca pensó que ahí podría estar su futuro laboral. «Non é o mesmo traballar para un que esto», asegura. Sobre todo «despois de estar metido no que se estivo metido». Se refiere a la drogadicción, que le hizo sentir durante mucho tiempo, «que era unha lacra social». «Ogallá houbera máis oportunidades así, para poder demostrar o que valemos», afirma. Y pide que el ejemplo de Pazo Baión se aplique a todos los bienes que se incauten a los narcotraficantes. Porque ofrecen una segunda oportunidad. Quizás por eso, realiza su trabajo con todo el mimo posible. «Hai que coller as máis maduras e quitarlle o que está podrido para que o viño teña a calidade que se merece», concluye. Ahora, es todo un experto.