ay países y países. En unos te matan por decir lo que piensas. Por rezar a tu dios. Por amar a alguien de tu mismo sexo. Por soñar con un mundo mejor. España fue uno de esos países no hace tanto. Parece increíble, pero de esa pesadilla que duró cuarenta años despertamos hace tan solo 33. Cuando aprobamos la Constitución de 1978. Esa que ahora PP y PSOE -o viceversa- reformarán para limitar el gasto del Estado y evitar el déficit. Un debate que no es solo español, sino europeo, y que ha eclipsado otro que a mí me interesa más. El del famoso impuesto extra a los ricos. De eso aquí se habla menos. El PSOE lo propone pero con la boca pequeña y el PP ya ha dejado claro que no lo creará. Hay países y países. En el nuestro ya no te matan por pensar, rezar o amar, pero aún estamos a años luz de otros en lo que a justicia y solidaridad se refiere. Aquí lo de que paga más el que más tiene se cumple pero no. Porque comparativamente, los impuestos asfixian a las clases medias y son livianos para las altas. En Alemania han sido los propios ricos, los que ganan más de 500.000 euros al año, los que han propuesto que les suban los impuestos. Y lo van a hacer. Y calculan que el Estado reducirá un 10% su déficit gracias a los nuevos ingresos. En Francia muchos ricos están siguiendo el ejemplo. Aquí no se les oye. Y eso que España solo se puede comparar con los dos grandes países europeos en ricos. Hay muchos en España. Tantos como en esas potencias. Pero los nuestros no arriman el hombro.