E

l día que vea su casa arder, que le tengan que sacar de un coche convertido en amasijos de hierro o que deba ser rescatado de cualquier situación de peligro extremo acudirá ante usted un bombero que se jugará su propia vida para salvarle. Si ese bombero tiene la suerte de trabajar para la Administración, disfrutará de buenas condiciones laborales y un sueldo acorde con el riesgo que corre. Con tener que sortear a la muerte cada día. Con a veces no conseguir darle esquinazo. Si ese bombero, por contra, es uno de los que trabaja en los parques comarcales de Galicia, la cosa cambia. De cabo a rabo. Esos chavales cobran mucho menos de lo que se merecen y son trabajadores de un servicio público que está privatizado. Ya saben, esas cosas de los tiempos modernos. En el caso de O Salnés, la empresa que gestiona el parque comarcal de bomberos es la misma que la que gestiona la basura de muchos concellos. Es Celta Prix. Y si ellos ganan con nuestras desgracias, ya sabemos quiénes salen perdiendo. Nosotros los ciudadanos. Y los trabajadores. Los bomberos. Vivimos en un mundo raro. En el que son funcionarios cantidad de personas que no deberían serlo. Tenemos técnicos de todo y jefecillos de todo en municipios diminutos prestando servicios que no son esenciales. Esos sí son funcionarios. Pero nuestros bomberos no. No me extraña que estén en huelga. No me extraña que protesten. Yo estoy con ellos. Porque respeto su trabajo. Y no creo que ni ellos ni lo que hacen tenga nada que ver con la basura.