18 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
Es fácil que a uno se le llene la boca al conjurar grandes conceptos: verdad, bien, belleza, justicia. Términos que apuntan a realidades absolutas, cuya majestuosidad parece hacernos doblar a todos la rodilla de inmediato, en gesto de reconocimiento colectivo. Sin embargo, su uso banal a santo de cualquier cosa, tan común en nuestros tiempos, tiene más que ver con esa «mi, su verdad» que defiende Belén Esteban que con aquellos diálogos de Platón.